Planteos de hijas adolescentes: "Mamá, vos no me conocés..."

Sociedad

* Después de compartir años con una nena adorable, nuestra hija se convierte en una chica malhumorada e irascible que nos rehúye y nos mira como si fuéramos su peor enemigo.
* ¿Cómo dejarla crecer sin dejar de ser su madre?

La relación madre/hija suele tener un punto de quiebre y es en la preadolescencia: cuando la nena se convierte en una chica que está todo el tiempo de mal humor y que no quiere saber nada con la mamá a la que antes recurría para compartirlo todo. ¿Cómo guiarla, ayudarla y aconsejarla en esa etapa de su vida sin destruir la relación?

Terri Apter, psicóloga social de la Universidad de Cambridge, dice que la mayoría de las peleas entre madres e hijas no buscan demoler la relación, sino transformarla: "Para las adolescentes, los enfrentamientos son una forma de preguntar: '¿Cómo puedo hacer para que mamá vea cómo soy o cómo quiero ser?'", informa la Revista Sophia.

Hasta ese momento, el espejo en el que las niñas se miraban sólo les devolvía la imagen de su madre y ahora empiezan a ver que está el reflejo de su mamá... y también el de ellas. Así, comienzan a dar los primeros pasos en la búsqueda de su identidad, y mientras recorren ese camino se enfrentan con una gran cantidad de cambios que las desorientan y las angustian.

En ese maremoto de emociones, la relación con su madre se tensiona: ella era su único referente hasta el momento y ahora necesita encontrar las diferencias: "Cuanto más cercana haya sido la relación de la nena con su mamá, más van a pelear en estos tiempos, porque se le hará más difícil la separación", explica la psicóloga Rosina Crispo.

En esta etapa, las adolescentes buscan dos cosas que parecen contrapuestas: por un lado, intentan liberarse de su mamá; por el otro, quieren seguir conectadas con ellas. Esta suerte de doble mensaje es parte del proceso de crecimiento: "La hija espera que la madre no la rechace en los momentos en que la necesita o en que pelean; que entienda que la quiere aunque ese cariño sea intermitente".

Y aunque el mundo que se abre para la hija adolescente puede resultar aterrador para la madre, que lo ve lleno de peligros (los accidentes, la inseguridad, el alcohol, las drogas, los embarazos no deseados, las enfermedades de transmisión sexual, etc.), es importante no sobreprotegerla. "Las madres deben confiar en lo que sembraron todos los años anteriores. Desde hace diez o dieciséis años su hija viene experimentando el cariño y los valores que les fueron transmitiendo. Sus hijas lo tienen claro, pero también necesitan rechazar a sus madres y reconstruirse", explica Crispo -coautora del libro "Con mi familia, todo mal" junto a la psicóloga Diana Guelar-.

"El deseo de la hija es capturar el corazón de su madre, pero no para que la ame porque existe una relación filial. Quiere que su madre se enamore de ella otra vez, porque al haberse convertido en una nueva persona, se merece también un amor distinto y renovado", sostiene Apter. Por eso, todos los especialistas insisten en no abandonar a las hijas en esta etapa, pese a los dolores de cabeza y los conflictos que causen. Poco a poco se irá construyendo esta nueva relación.

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