Comerciante murió asesinado por su empleada y amante en un juego sexual
El crimen ocurrió en julio del 2014, pero la policía pudo detener este miércoles a la acusada. Se trata de Paula Mariana Romano, quien quedó imputada por el "homicidio agravado" de Julio César Vitoria. Ambos mantenían una relación oculta desde hacía diez años.
Durante la inspección de la escena del crimen, además, pudo determinarse que a la víctima le faltaban $30 mil en efectivo de la recaudación que había retirado de su heladería del partido bonaerense de Moreno.
El hijo de la víctima lo encontró en la cama, desnudo, con heridas cortantes en el torso y en el rostro, un cordel en el cuello y las manos atadas con corbatas y pañuelos de seda.
Quien cometió el crimen se llevó el arma homicida -un cuchillo dotado de filo y punta-, un juego de llaves y dos teléfonos celulares que usaba el comerciante.
Varios miembros del entorno del heladero, quien además era militante de Derechos Humanos, declararon ante la fiscal Russi que Vitoria mantenía desde hacía 10 años una relación con una mujer menor que él a la que conocían como "Paulita".
Incluso, varios amigos de la víctima contaron que horas antes del crimen el propio heladero les contó que esa noche iba a tener un encuentro en su casa con la chica y mostró las fotos de contenido erótico o los mensajes de WhatsApp que la sospechosa le enviaba.
Según esos testigos, la chica le decía que se preparaba para "la fiestita", porque iban a hacer "cositas raras", que "se dejara" y que lo quería "atar".
De acuerdo a la investigación, "Paulita" era Romano, una joven que en 2003 había comenzado a trabajar para Vitoria como moza en un bar que el comerciante tuvo en el barrio porteño de Palermo.
Algunos testigos indicaron que la chica era "adicta al sexo" y que pese a que siempre tuvo novios y ahora estaba casada y tenía hijos, seguía manteniendo la relación de amante con Vitoria y sus parejas lo sabían.
La propia víctima le contó a su entorno que "Paulita" era la única mujer a la que llevaba a su casa y que cada vez que se veían la ayudaba económicamente y le daba entre $300 y $1.000.
La fiscal Russi logró que el juez Rongo ordenara un allanamiento en la casa de Romano, en el barrio porteño de Belgrano, y allí fueron secuestradas una notebook y dos teléfonos, el de la sospechosa y el del marido.
Romano había borrado todo el historial de mensajes, pero en el teléfono de su marido la Justicia obtuvo un mensaje de WhatsApp clave en el que pasadas las 4 de la madrugada del 30 de julio de 2014 -siete horas después del crimen-, "Paulita" le escribió a su marido, quien también fue investigado en la causa, pero no hay elementos aún para imputarle ninguna participación en el hecho.
"No sé si reírme o llorar!!! Les podemos dar todo a nuestras hijas!!!", decía el mensaje, lo que según fuentes judiciales, para la fiscal es una referencia al asesinato que supuestamente acababa de cometer y al dinero que se había llevado.
Otra prueba obtenida por los detectives de la PFA son una serie de videos de domos y cámaras de seguridad de la cuadra o las inmediaciones del domicilio de la víctima donde se observa que el día del hecho una mujer identificada por testigos como Romano -con tapado negro y peinada con rodete-, llegó a las 20.05, ingresó a las 20.48 con Vitoria a su edificio y salió sola a las 21.20 con una bolsa blanca en la mano.
Aunque los investigadores descartan que sea un caso de inimputabilidad, la fiscal Russi determinó que la sospechosa tiene antecedentes psiquiátricos y obtuvo sus historias clínicas de los hospitales Moyano y Pirovano.
Allí consta que Romano padece trastorno de impulsividad, tiene ataques de ira, fue consumidora de cocaína, que a raíz de los celos de su marido tenía un impulso incontrolable por serle infiel y, en algunas ocasiones, al vincularse sexualmente con los hombres sentía "asco" y "rechazo".
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