Tecnópolis, un bastión para romper la hegemonía cultural
Desde su inicio, el parque ubicado en Villa Martelli fue escenario de disputas políticas en la que los contendientes no cambiaron y sus intenciones tampoco.
Siempre es bueno refrescar la memoria, constantemente me resuena en la cabeza esa frase que sostiene que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla, y sin dudas aplica para la historia de Tecnópolis.
Allá por Octubre de 2010, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner presentó un proyecto para realizar una mega muestra de ciencia, arte y tecnología sobre la Argentina, que no iba a ser permanente, y estaría emplazada en el barrio porteño de Recoleta, entre Canal 7 y Parque Thays, con la avenida Figueroa Alcorta como eje.
Por aquel entonces gobernaba la Ciudad de Buenos Aires Mauricio Macri, quien rechazó este mega evento con entrada gratuita y por el cual el gobierno porteño no tenía que poner un peso. Sólo tenía que dar permiso y coordinar con el gobierno nacional trabajos en conjunto para preparar el predio y para colaborar con el tránsito.
El representante que el gobierno de la Ciudad había designado para llevar adelante estas negociaciones fue, ni más ni menos que, Hernán Lombardi. Paradojas, ¿no?.
Ese año la mega muestra no fue posible aunque muchas provincias se ofrecieron para recibirla. Finalmente se decidió aplazar su inauguración y que ya no iba a ser una muestra sino que se convertiría en un parque permanente y que iba a estar ubicado en un predio que pertenecía al Ejército Nacional en Villa Martelli.
En 2011 Tecnópolis logró abrir sus puertas, y fue un lugar asombroso lleno de arte, historia, ciencia y tecnología, con actividades de calidad y con entrada libre y gratuita.
Desde ese momento, este parque se convirtió en un bastión del pueblo, un lugar que nos igualó, que nos entretuvo desde la ciencia, que ayudó a ampliar horizontes y que permitió, a un montón de personas, conocer lugares como es el glaciar Perito Moreno o simular un viaje en avión.
Pero el dato más importante es que nos ayudó a trabajar la memoria y nos hizo internalizar y aprender nuestra historia de la mano de Zamba y sus amigos. Esta serie animada logró, desde un canal del Estado, que nuestros chicos tengan como héroes a personas que existieron y que fundaron el país.
Por ese entonces, millones de personas tuvieron la oportunidad de pertenecer.
No es nuevo que los más conservadores de nuestro país odien este tipo de cosas, a muchos les molesta la igualdad y que la cultura pueda llegar a todos los sectores de la sociedad.
Será por esto que el ocaso del parque llegó durante la presidencia de Macri, el mismo que la había despreciado años atrás, y tampoco es casualidad que el ministro que lo abandonó fuese Lombardi, quien además se encargó de destruir los medios públicos y a Zamba.
Tampoco es casual que Tecnópolis se haya convertido en un lugar en desuso en dónde solo se hacían recitales pagos, e incluso fue cerrado para que solo lo disfrutaran los hijos de los funcionarios del macrismo.
La exclusión como política de Estado, el desprecio por los sectores bajos a los cuales, ni siquiera, hay que permitirles el entretenimiento.
Esta historia, la cual no hay que olvidar, quedó atrás y este sábado por la tarde reabrió Tecnópolis, con el General San Martín, Belgrano y Juana Azurduy como estandarte.
Con miles de personas que se hicieron presentes para volver a tomar algo que les pertenecía porque la educación y la cultura son derechos constitucionales. Porque la historia sino es del pueblo, es de las clases dominantes. Porque los espacios representativos se ganan.
Por todo esto y por mucho más Tecnópolis se merecía una apertura llena de emoción, color, música y fiesta.
Como dice el Indio Solari, ¡al fin, serán bienvenidos todos!.
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