Así fue cómo entré a Puerta 8

Sociedad

"Ustedes vienen, nos persiguen, no se conforman con lo que les decimos, cuentan lo que quieren, se van y nosotros quedamos", interpeló un vecino al periodismo.

En los últimos tiempos se discutió muchísimo sobre el rol de los medios de comunicación y la ‘espectacularización’ de la noticia; y la realidad es que no hubo ni mucha épica ni un gran operativo detrás de la nota en Puerta 8, principalmente porque los vecinos del barrios están ávidos de hablar y contar cómo les pega a ellos esta situación, están cansados de que los “cuenten” y esa fue la llave para ingresar.

Particularmente, tengo la suerte de conocer a algunos vecinos del barrio desde hace varios años porque al igual que ellos nací y me crié en Tres de Febrero y lo conozco bien. Así que, luego de cubrir la noticia para minutouno.com, decidimos hacer una nota sobre Puerta 8 desde otra perspectiva. Fue así que levanté el teléfono para ver si se acordaban de mí y por suerte la respuesta fue afirmativa.

En ese instante, les pregunte “si la situación seguía muy caliente” y “si tenían ganas de hablar”. La idea no era perseguir ni revictimizar a las víctimas de este flagelo y sus familias, sino escucharlos. La respuesta inmediata también fue afirmativa.

En un par de horas la entrevista estaba cerrada. Para no perder tiempo, me tomé el 237, un bondi que recorre todo el partido y sigue hasta el corazón de San Martín. Me bajé en la parada Ruta 8 del Metrobus, e inmediatamente se me vino a la cabeza la inauguración de esa obra en 2019 porque, aunque usted no lo crea, la entrada de Puerta 8 fue ni más ni menos que el escenario de ese acto del que participó el ex presidente Mauricio Macri, la ex gobernadora bonaerense devenida en diputada por la Ciudad, María Eugenia Vidal, y un disgustado Gabriel Katopodis, que era el intendente de San Martín, y no dudó en mostrar su indignación porque lo habían hecho participar de "un acto de campaña".

No recordaba haber visto al intendente Diego Valenzuela pero luego en la extensa charla los vecinos me confirmaron que sí estaba y que ese día se acercaron para reclamarle por distintos problemas, entre los que ya estaba el pedido de más seguridad por el paso de la droga por el lugar, unos inconvenientes con los cables de alta tensión y la recolección de residuos, entre otras demandas lógicas. Será por eso que no estaba en mi registro de ese día.

Crucé y, entre el patrullero y una parrillita que hay en una de las esquinas de Eva Perón y Catamarca, me estaban esperando. Nos saludamos estrellando puños, el saludo que nos dejó la pandemia, caminamos un par de cuadras e ingresamos a una casa; y nos sentamos tratando de mantener el protocolo covid.

Lo primero que me dijeron es que ellos iban a hablar si los cuidaba, algo complemente lógico, y ahí cayeron un par de palos hacia el periodismo, también lógicos.

“Acá ustedes vienen nos persiguen, no se conforman con lo que les decimos y después cuentan lo que quieren”, me dijo uno de los presentes y otra agregó: “Lo que no se dan cuenta es que ustedes se van y nosotros quedamos acá”. Y sí, hago mea culpa de eso y trato de esbozar alguna justificación vacía.

Hablamos más de una hora y media, la pandemia nos impidió tomar unos mates o estar más relajados, luego me acompañaron a recorrer las calles del barrio que está tal cual a la última vez que había ido aunque más vacía y bastante más desolado.

La plaza del barrio que había sido escenario de varios festivales, ahora estaba con los juegos rotos y con el busto de Evita despintado, testigo de cómo no se cuida a sus descamisados.

Es que la verdadera épica está en esos vecinos de Puerta 8, que a pesar de las amenazas reales de los narcos apañados por la policía y además de tener que salir a trabajar para llevar el pan a su casa en medio de una realidad complicadísima, se organizan todos los días para dar las respuestas que no da el Estado.

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