¿Qué se esconde detrás de un chico que no quiere dormir?
Las dificultades que presentan los niños de más de un año para dormir suelen estar estrechamente relacionadas con la atención y el cuidado que el bebé recibió de parte de sus padres durante los primeros meses de vida.
Para la especialista en crianza, los chicos que insisten en despertarse varias veces por la noche como si fueran bebés están manifestando que algo no anda bien. Es decir, los despertares continuos muestran cierta carencia o inseguridad.
La culpa por dejarlo sólo
Que los pequeños no puedan conciliar el sueño de forma independiente es una excusa para leer entre líneas las dificultades propias de los padres para separarse de ellos. “Saben lo que tienen que hacer pero no pueden, sienten culpa”, apunta la especialista en el tema, quien también organiza encuentros de crianza mensuales para tratar dificultades como estas.
Pamela Gracés (30) era una mamá con el síndrome del remordimiento. Rocío, su hija de 10 meses, tuvo problemas para dormir prácticamente desde que nació. Después de aplicar todos los consejos y métodos habidos y por haber, logró establecer una cierta regularidad en el dormir de su nena. Pero en el medio, pasó por todo tipo de situaciones. “Me decían que la deje llorar, pero me partía el alma. También probé con llevármela a la cama”, cuenta la joven.
Uno de los problemas de Pamela era que dejaba a Rocío durmiendo con el padre porque se iba a trabajar y cuando la beba se despertaba no la encontraba. “Ahora tengo un trabajo de medio tiempo que me permite estar más tiempo con ella”, explica.
Crear una rutina previa al sueño
Cada niño necesita un lugar propio para dormir y esto no es algo que se logre de un día para el otro. De hecho, Libenson ejemplifica que durante los primeros seis meses las madres necesitan recrear la ilusión del útero materno fuera de la panza a través del amor, la contención y el cuidado, para luego desilusionarlo de ese mundo real de a poco y no frustrarlo.
Revisar los rituales de todos los días y repetirlos para que el niño aprenda que esos hábitos son previos a la cama es una buena práctica. A Pamela le resultó: “Tengo una rutina armada. Ella ya se acostumbró a que nueve y media es la hora del baño, sabe que después viene la comida, luego jugamos un rato en el dormitorio, le leo un cuento y al final le canto algunas canciones hasta que se duerme. Ahora se despierta una sóla vez”, finaliza la flamante mamá.
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