Los macristas cambiaron: de los vuelos de la muerte a los vuelos de la República

Sociedad

Por Padre Juan Carlos Molina
Columna en el programa Rompiendo Moldes, que se emite por Radio 10 los domingos.

Marcos 9, 2-10

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: "Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".

Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor. Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: "Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo". De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos. Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significaría "resucitar de entre los muertos".

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El evangelio de hoy nos presenta a Jesús subiendo y bajando de la montaña, junto con tres discípulos: Pedro, Santiago y Juan. Subir y bajar la montaña: es el itinerario de nuestra vida, es la vida de todo ser humano. A veces subimos y a veces debemos bajar, y llega un momento, el momento decisivo, en que nos toca sobre todo bajar.

Seguramente pensamos que es más difícil subir a la montaña que bajar; que una vez alcanzada la cima, la bajada se hace sola. “Bajar es fácil, subir es lo que cuesta”. Pero las cosas se nos presentan a la inversa en el evangelio de hoy.

Rompen el molde

¡Tantas veces resulta ser el evangelio a la inversa de lo que pensamos!

Pedro, Santiago y Juan suben con gusto junto a Jesús; lo que no quieren es bajar; preferirían quedarse ahí; se resisten a descender.

Hagamos tres carpas. Prefieren subir con Jesús que bajar con él. La bajada es lo que les cuesta.

Y es comprensible. Porque en la montaña vieron a Jesús transfigurado, transformado, tocaron el cielo con las manos… E incluso se les han aparecido Moisés y Elías, personificación de todo el Antiguo Testamento, la Ley entera y todos los Profetas rendidos ante Jesús. ¡Han tocado el poder!

¡Qué mejor visión para unos pobres pescadores de Galilea!

Pero, en realidad, no se dieron cuenta, en absoluto, de lo que sucedió en la montaña.

Pedro se manda al frente solo “¡Qué bien estamos acá! ¡Acá arriba todo es luz y bienestar! ¡Acá sí que Dios está cerca! ¡Acá sí que Jesús es Dios! ¡Acá hasta nosotros nos sentimos dioses! ¡Y nosotros somos testigos únicos de la sublime divinidad de Jesús, testigos privilegiados por encima de todos!” (ni que fueran obispos). Se sienten como en una nube de felicidad, y quisieran quedarse ahí para siempre. Se sienten los dueños de la verdad, de la fe.

Y quieren instalar unas carpas, sacar el mate y las tortas fritas, sacarse las alpargatas y quedarse por allá arriba… Pero se equivocan.

Jesús los hace bajar de la montaña, donde está la gente, donde están los enfermos, donde están los campesinos y los pescadores empobrecidos. Donde están las viudas, las prostitutas y los leprosos. Es ahí, abajo, y no en otro lugar, donde se manifiesta la grandeza de Jesús, es entre los pequeños donde aparece esa grandeza, es en su humanidad compasiva donde se deja ver la verdadera divinidad de Jesús. La divinidad que los discípulos han visto en la montaña no es real allá arriba, sino acá abajo. A Dios rogando y con el mazo dando. Escuchen a mi hijo.

No podemos entender correctamente la divinidad de Jesús si la enmarcamos en sucesos milagrosos, en apariciones extraordinarias, entre las nubes resplandeciente de una montaña.

Lo que mejor afirma la divinidad de Jesús no es la transfiguración, ni las nubes ni la voz de Dios. Jesús manifiesta su divinidad en su amistad con los pequeños, en su proximidad con los marginados, en su solidaridad con los pobres, en su compasión con los enfermos, en una palabra: es en su humanidad compasiva donde Jesús revela su divinidad. Mostrando su humanidad compasiva.

Eso es lo que, en última instancia, quiere enseñarnos el evangelio de la transfiguración: que la gloria, la pascua, la divinidad de Jesús se manifiesta en ese camino de bajada, en esa conducta solidaria, en la cruz misma, en ninguna otra parte.

Amigos y amigas, no busquemos a Dios arriba, no lo encerremos en una carpa en lo alto de una montaña, ni en una estampita o estatua y mucho menos dentro de un templo alejado de nuestros gozos y alegrías, separado de nuestras penas e impotencias, fuera de nuestras casas, de nuestros amigos, de nuestras fiestas, de nuestras preocupaciones. Dios no necesita ninguna carpa ahí arriba.

Para ser cristiano, lo más decisivo no es qué cosas cree una persona, sino qué relación vive con Jesús. Las creencias, por lo general, no cambian nuestra vida.

Uno puede creer que existe Dios, que Jesús ha resucitado y muchas cosas más, pero no ser un buen cristiano. Es la adhesión a Jesús y el contacto con él lo que nos puede transformar.

El texto de hoy apunta en esta dirección: la fe cristiana es una actitud netamente transformadora de la realidad, tanto la de uno mismo, como la realidad que nos rodea.

Me pasó en Necochea… con los pibes, nos quisieron sacar de la playa por ser negros y tener cara de chorros. Así lo expresaron, así lo hicieron saber, así se lo dijeron. Sí nos denunciaron frente a las autoridades. Estos nos van a robar. Qué se vayan al fondo que nos tapan la visión. Los negros atrás, los blancos adelante? Eso sí, todos los que se quejaban de los negros chorros tenian colgado un rosario o una cruz en su cuello. Asumimos que somos morochos, pero no nos movimos un milímetro de nuestro lugar. "Ni un paso atrás en dignidad, sin importar la cara o el color de piel"

No tengo evidencias, pero tampoco dudas, que es de la misma gente que colgó bolsas con cadáveres en Plaza de Mayo, impregnada de un odio visceral, alimentada o envenenadas durante décadas y décadas por Clarín y La Nación, y hoy por su pobre marioneta Carrió, Bullrich y otres.

Antes de ayer fue que la vacuna era veneno, estos días que las vacunas VIP, y pasado mañana que Alberto Fernández tiene caspa.

La cosa es envenenar y hacer creer que envenena el otro, sin escrúpulos, sin moral, aunque “mueran los que tengan que morir”. Del otro lado de la grieta lo llamamos neoliberalismo, y el contenido es muerte. Lo sabemos.

El grupo político de Macri, Larreta, Lousteau, Carrió, Bullrich, Iglesias, Lombardi le ofrece al país una bolsa mortuoria con el nombre de Estela Carlotto. Además de escandaloso y repugnante, es toda una declaración de principios. Los macristas cambiaron: de los vuelos de la muerte a los vuelos de la República. Son la pata civil de la dictadura.

Me impresiona que el 99,9% de las manifestaciones de ese sector tenga ahorcados, quemados, amenazas de muerte, bolsas mortuorias etc... Una fascinación con querer ver muerto al otro como línea histórica, son la derecha fascista obsesionados, siempre, con la muerte. Cuando yo digo que la derecha se regocija en la necrofilia no me equivoco.

El Papa Francisco habló de “coprofilia”, el “amor a la cosa sucia”, por la mierda… de los medios y de estos políticos sin escrúpulos ni vergüenza.

En esa misma Plaza, dónde el sábado colgaron bolsas mortuorias, nuestras madres reclamaban aparición con vida de sus hijes y nietes. La Plaza es de las madres y no de los cobardes.

Mi consejo a todos los argentinos es que demos gracias al Señor de que estén rompiendo las pelotas como oposición porque eso significa que ya no pueden romper el país como gobierno.

Alguien nos dirá, en medio del sermón hablar así, que es un problema político, no de fe. Y me pregunto y les pregunto: ¿podemos separar la fe de la política cuando Dios mismo quiere ser bendición y salvación para las naciones de la tierra? ¿Acaso Jesús no fue crucificado por el poder político de los romanos por su propuesta transformadora?

Esta bendición de Dios no es otra cosa que la liberación, que el desarrollo pleno del hombre…

No separemos la fe de la política, como no podemos separar la fe de la historia, ni la fe de las necesidades de los pueblos, ni la fe de la vida.

Quiero volver al hecho de Necochea: fueron más los que solidarizaron que los que quisieron rajarnos por negros con cara de chorros.Sepanlón: somos más los buenos que los soretes.

La fe es compromiso con toda la humanidad para que la situación cambie.

Bajemos transfigurados para servir a nuestros hermanos y hermanas que necesitan ver a Dios.