Relaciones entre padres e hijos que se fortalecen a la distancia

Sociedad

*Cuando vivían juntos, los roces de la vida diaria opacaban el vínculo.
*Ahora que sus hijos viven afuera, los extrañan y preferirían que estuvieran en el país pero reconocen que están más comunicados que antes.
*minutouno.com te inivita a conocer las historias reales de padres de jóvenes que residen en el exterior.

“Nada ni nadie puede impedir que sufran, que las agujas avancen en el reloj, que decidan por ellos, que se equivoquen, que crezcan y que un día nos digan adiós”.


Joan Manuel Serrat.


Si existe un vínculo incondicional y fuerte en este mundo, ese es el de los padres con los hijos. Lástima que la convivencia y las peleas que ocasionan la rutina y las presiones diarias a menudo lo opacan. Sin embargo, cuando la distancia los separa salen a flote los verdaderos sentimientos y la relación puede tornarse casi ideal.


Al estar lejos de sus afectos, la vida social suele disminuir y hace que estén más pendientes de sus padres.     

 


Mal que les pese a los padres, “sus pollitos” algún día crecen y siguen su propio camino. Algunos se mudan solos, unos se casan y otro tanto se va a vivir a otro país, especialmente después del estallido de la crisis económica de 2001. La lejanía entonces, aparece como la panacea a los conflictos menores pero a la vez como la culpable de la separación.

“Cuando los chicos se van del país, se despeja el campo de lo que (Sigmund) Freud llamaba el narcisismo de las pequeñas diferencias que a diario generan una explosión. La distancia hace que esas discusiones de todos lo días no estén más”, explicó a minutouno.com Julio Moreno, psicoanalista y profesor de la materia “Vínculo parento filial” de la maestría en Pareja y Familia del IUSAM.

Para Nora Getos, madre de Giselle (26) – una contadora que por cuestiones de trabajo estará 2 años en Houston, Estados Unidos- su relación siempre fue buena pero hoy se llevan mejor aún. “Las dos nos extrañamos mucho. Ella valora el hecho de que siempre me quede hasta tarde conectada a Internet para darle el beso de las buenas noches todos los días”, explicó la mamá con lágrimas en los ojos.

Otro es el caso de Inés Pardo, un ama de casa que perdió la cotidianeidad con su hija desde hace 16 años, cuando ella se enamoró perdidamente en Buenos Aires de un italiano, se casó cuando tenía 21 y se fue a vivir a Italia. “Antes de que se vaya era una relación muy tirante en el sentido de que Cecilia tenía un carácter muy fuerte y chocábamos a menudo. Pero hoy nos llevamos muy bien. Ahora que ella es madre se pone en mi lugar y nos entendemos más”, señaló la mujer.

Por su parte, Zulema Sánchez, una abogada que tiene 3 hijos -2 mujeres que viven en el país y 1 varón de 26 que se fue a España hace 4 años- no está de acuerdo con que la relación haya mejorado ya que según ella siempre tuvo una excelente comunicación y fue muy compinche del “nene”. Sin embargo, admite que el hecho de estar lejos no da lugar a peleas y que el vínculo se vuelve ideal.

Más conectados que antes


En general, los padres saben más de sus hijos que cuando vivían en el mismo país.     

 


Extrañar el contacto físico y la disponibilidad de tecnología existente hace que padres e hijos se comuniquen muy a menudo y que, en algunos casos, hasta sepan más del otro que cuando vivían en la misma casa.

Zulema cuenta que sus dos hijas le dicen que se lleva tan bien con su hermano porque no lo ve seguido. “Es que las chicas no me llaman tanto como él. A veces siento que se preocupa más por mí y que está más pendiente Javier que ellas”, explicó.

Sucede que el hecho de estar en un ambiente que no es el propio también hace que los compromisos sociales que tenían cuando vivían en su país de origen disminuyan notablemente. Para Moreno, la persona está en un medio medianamente hostil y se robustecen las relaciones primarias.

Algo similar sucedió en el caso de Nora y su hija. “Ella estando acá se iba muy temprano y nos veíamos poco. Algunos días venía tarde porque cursaba un postgrado, o sino salía con el novio o las amigas”, ejemplificó la madre. Y Giselle agregó: "Esa es la paradoja, que ahora a miles de millas de distancia nos vemos casi a diario (por camarita vía Internet) y hablamos todos los días. Tenemos un diálogo más fluido y buscamos momentos para compartir más que antes. Estamos en el mejor momento de la relación".


 


Lo que más se extraña


 


Algunos se ven 2, 3 y hasta 4 veces al año y otros como Inés hace unos 6 años que no se encuentra personalmente con su hija. Pero todos extrañan un abrazo, una caricia o una mirada cómplice. "Extraño la compañía de la hija mujer en todo sentido, por ejemplo, para acompañarme al médico", dijo Pardo.


 


Mientras que Dorita Kpluschnik, coordinadora de un grupo de padres llamado "Muy cerca a la distancia" que se formó para compartir la experiencia de tener hijos que residen en el exterior, contó que añora cosas del día a día como salir de compras con su hija (desde hace 9 años vive en Estados Unidos), Zulema confesó que extraña al hombre de la casa. "Javier siempre arreglaba todo", finalizó.

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