Religiosos que se animaron a sacarse los hábitos por amor

Sociedad

*El celibato, una de las exigencias de la Iglesia que le cuesta valiosos ministros

La pareja que formaron Camila O’Gorman y el sacerdote Ladislao Gutiérrez fue una de las primeras que se enfrentó a la Iglesia al pasar por alto dos de los tres votos  perpetuos que había hecho él para ser cura: castidad y obediencia. En el siglo XXI, la dispensa papal llega para los religiosos que se enamoran, quienes ya no ponen en juego su vida pero sí atraviesan un duro trance cuando deciden dejar los hábitos.



El caso de Adriana –58 años, ex monja, profesora de teología y filosofía y psicóloga social- y José, -73 años, ex sacerdote, farmacéutico-, ilustra la realidad actual. Se conocieron en Córdoba cuando ella era rectora de un colegio y él era cura franciscano y cuentan que al principio los unían la fe y las cuestiones relacionadas con la vida religiosa, pero que enseguida llegó el amor: “Elegimos darnos libertad y nos propusimos no dejar los hábitos por el otro sino por uno mismo, porque tampoco sabíamos cómo iba a funcionar nuestra pareja”-explica Adriana, quien dejó atrás sus 15 años de monja junto con los 17 de sacerdocio de José.



La decisión de ambos fue muy cuestionada por sus familias y por su entorno, tanto que José recuerda: “Quienes nos dijeron que estábamos locos cuando elegimos la vida religiosa después nos criticaron por decidir abandonarla. No fue una decisión fácil y la pasamos bastante mal, pero sabíamos lo que queríamos y seguimos adelante"..



La psicóloga Ada Eroles, quien trabaja en una congregación haciendo los diagnósticos psicológicos que se requieren para ingresar así como el seguimiento de los postulantes, distingue dos motivos fundamentales por los cuales se dejan los hábitos: “Los chicos y chicas que dejan durante el noviciado, por lo general lo hacen porque no soportan la vida en comunidad, con sus reglas, su orden cerrado, y además extrañan mucho a sus familias. Ahora, cuando ya se hicieron los votos perpetuos y hay una decisión de dejar, la mayoría de las veces es porque se enamoran”.



En estos casos –explica Eroles- “hay mucho sufrimiento y mucha culpa y, psicológicamente, el dilema que se vive es equiparable al de la infidelidad en el matrimonio, a lo que siente una persona que se enamora de un tercero y que debe tomar una decisión que es básicamente dolorosa”.



Los casos como el del párroco Délfor “Pocho” Brizuela, de Chamical, La Rioja, quien confesó en misa haberse enamorado, el del padre Antonio Franco, quien se enamoró de una catequista en Villa Allende, Córdoba y el del cura Guillermo “Quito” Mariani, que escribió un libro relatando algunas de sus experiencias sexuales y se pronunció en contra del celibato antes de retirarse, vuelven a abrir el debate sobre la obligación de castidad que la iglesia católica le impone a sus ministros y que figura en el artículo 277 del Código de Derecho Canónico donde dice que “los clérigos están obligados a observar continencia perfecta por el reino de los cielos, y por lo tanto quedan sujetos a celibato”.



Los debates por temas como el celibato y la posibilidad de que los sacerdotes contraigan matrimonio fueron los que llevaron a la formación del Movimiento Todos Somos Iglesia, una agrupación que nuclea a ex sacerdotes católicos casados de todo el mundo, que en Argentina se llama Verdad en Libertad desde 1985 y que fue fundada, entre otros, por el ex obispo de Avellaneda Jerónimo Podestá –fallecido en 2000-, quien dejó su alto cargo eclesiástico para casarse con su secretaria.



Para Ada Eroles, es muy importante tener en cuenta cuál es la reacción de la congregación cuando un miembro plantea que quiere irse: “Hay congregaciones que los ayudan muchísimo, les pagan el año de exclaustración, el tratamiento psicológico y hasta la pensión, pero hay otras que los abandonan completamente y eso es durísimo porque dejar los hábitos es un proceso muy culposo, que requiere mucha contención y acompañamiento”.



Seguramente, si los sacerdotes que están atrayendo la atención desde los medios, como Délfor Brizuela y Antonio Franco, tuvieran la posibilidad de casarse y continuar ejerciendo el sacerdocio, no deberían enfrentarse a un dilema que es tan costoso emocionalmente y, por su parte, la Iglesia no perdería a personas valiosas que son queridas y reconocidas e su comunidad por las tareas que llevan adelante y que, por haberse enamorado, deberán dejar.

El celibato y los sacerdotes que cometen abuso sexual

Las críticas que se le hacen al voto de castidad son muchas y, entre ellas, se encuentra la de ser una actitud “antinatural” que podría relacionarse con los casos de abuso sexual cometidos por sacerdotes. Al respecto, la psicóloga Ada Eroles señala que así como es diferente hacer una dieta sana que sufrir anorexia, también existe un celibato sano y un celibato neurótico. “El celibato debe ser una elección madura y adulta de dejar de lado lo genital, es un sacrificio como se hacen otros: hay quienes soportan estar lejos de su familia para radicarse en un país extranjero porque tienen mejores condiciones de trabajo, algunos soportan ese sacrificio, otros regresan, igual que con el celibato”-asegura Eroles y agrega que “el abuso no tiene que ver con el celibato, tiene que ver con un tipo perverso. De hecho, la mayoría de los violadores no son célibes”.

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