Sacerdotes mexicanos del siglo XVIII absolvían de pecados a cambio de favores sexuales

Sociedad


  • Era una práctica muy común en el 1700 mediante la cual los fieles ofrecían, o bien se les pedía,  caricias u otros gestos.
  • La inquisición lo consideró un delito y fue de los más perseguidos en esa época.


Otorgar favores sexuales al confesor a cambio de la absolución de los pecados era una práctica habitual en México durante la etapa colonial, especialmente en los siglos XVIII y XIX, según aseguró un especialista mexicano.

La Inquisición lo llamó "delito de solicitación" y junto con  la literatura prohibida y la bigamia fue de los delitos más perseguidos en México durante el siglo XVIII.

Esa es la teoría que esboza  Jorge René González, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y autor del libro "Sexo y confesión", luego de haber estudiado más de quinientos documentos inquisitoriales.

El especialista explicó que el "delito de solicitación" consistía en que el sacerdote le pidiera durante la confesión a su hijo o hija espiritual realizar "actos torpes y deshonestos con él o terceras personas" que normalmente se trataba de palabras “picantes”, contacto físico, propuestas, e incluso el coito.

El culpable del delito era siempre el sacerdote –y nunca el penitente- ya que el cura era el primero en atentar contra el sacramento de la penitencia.

Sin embargo,  González aclaró que “no hay que ver esta situación como una mera compra-venta de perdones, dado que muchas veces sí había amor”.

Pese a esto, se denunciaba ante la Inquisición por "cuestiones morales" y porque de lo contrario el penitente no recibía la absolución de sus actos. La misma Inquisición recordaba a sus fieles hacer la denuncia acerca de este delito.

A su vez,  la solicitación no era considerada una herejía en la medida en que el Santo Oficio lo consideraba simplemente "debilidad carnal y necesidad de afecto y cariño" del sacerdote que lo cometía.

De hecho, González lo asemejó  con regalos, frases amorosas, apoyo económico, protección y mimos. La solicitación llegó a ser tan importante que la Inquisición emitió una nueva normativa en marzo de 1713 sobre cómo debían realizarse la confesión y diseñarse los confesionarios.

Se prohibió, por ejemplo, que el fiel se confesara arrodillado frente al sacerdote porque la cabeza quedaba a una altura "comprometida" y "debajo de la sotana se podían y se pueden hacer y ocultar muchas cosas", contó el experto.

Además, los confesionarios tenían que estar situados dentro de la Iglesia, en lugares iluminados y con tránsito, y estaba terminantemente prohibido que estuvieran aislados.

No podían tener puertas o cortinillas y entre confesor y penitente debía ponerse una rejilla cuyos orificios impidieran introducir los dedos para evitar "caricias eróticas" o juegos con los dedos en la boca de la otra persona.

Ya no se podía confesar en celdas enclaustradas, capillas cerradas, sacristías, casas particulares o en los domicilios de los religiosos. Si el sacerdote tenía que trasladarse a la casa del feligrés porque este estaba enfermo, debía hacerlo en compañía de otro religioso y realizar la confesión con las puertas abiertas. Además era ilícito que confesor y penitente tuvieran conversaciones antes o después de la confesión.

Pero el "delito de solicitación" no era algo exclusivo de México y el edicto que lo prohibía fue de obligada aplicación para toda España, "Nueva España", Islas Filipinas, Honduras, Nicaragua y Guatemala.

"Hoy día la Iglesia no se preocupa por esas cosas y los sacerdotes ya no necesitan del confesionario para hacer esas cosas porque en las grandes urbes cualquiera encuentra lo que busca y pasa desapercibido", afirmó el investigador.

Por eso mismo "el celibato debe desaparecer para que la Iglesia sobreviva", concluyó.

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