Una demanda infinita: ¿Cuántos juguetes puede digerir un chico?
*Siempre, o casi siempre, los chicos reciben regalos por diferentes motivos.
*Pero ¿hasta dónde pueden soportarlos?
Entre los regalos de cumpleaños y el día del niño, los “premios” por buenas notas o excelente comportamiento, los caprichos y otras “excelentes razones” para recibir juguetes, los chicos de clase media para arriba acumulan un ejército de muñecas, animales y todo tipo de artefactos en sus habitaciones.
Sobrepasados por la oferta 24hs en los canales de televisión, no paran de pedir cada una de las novedades a padres, tíos, abuelos, quienes, agotados ante la exigencia, terminan cediendo, en función de sus posibilidades económicas y de convicciones pedagógicas cada vez más débiles, a los pedidos de los chicos.
La pregunta es: ¿Cuántos juguetes es capaz de digerir un chico? ¿Qué cantidad o con qué frecuencia sería lógico renovar el inventario de chiches? ¿Con qué argumentos se puede frenar su avidez constante de más y más regalos?
Para la psicopedagoga Alejandra Libenson el eje se centra en cuántos juguetes es capaz de disfrutar el niño “porque si va a cumplir el rol de una moneda de cambio (si te portás bien te compro la muñeca que querías) lo más probable es que el chico esté eternamente insatisfecho ”.
Por otro lado, Libenson recomendó a los padres no poner tanta expectativa en la reacción del chico “sino simplemente focalizar en darle el gusto de algo que deseó y ayudarlo a disfrutar de eso aunque no lo conforme totalmente”.
Pero ¿cómo ponerle freno al apetito insaciable de criaturas desesperadas por llevarse todo lo que encuentran dentro de una juguetería, más lo que vieron que tiene su amiguito, más lo que les metieron en la cabeza en la tele?
“Entiendo que te guste todo pero mamá y papá todo no pueden. Vas a tener que elegir entre todo eso ”, es la frase que podría salvar muchos bolsillos en estas fechas peligrosas ante consumistas de primera clase según Libenson.
La idea es “calmarle la ansiedad al chico sin frustrarlo mucho. Anticiparle que uno no puede pagar todo. No hay que desvalorizarlos ni decirles que son unos ridículos por pedir tanto. Dejar al niño con ganas de algo no está mal porque desear y esperar por algo nuevo está bien. En cambio, si les llega todo junto se aburren y les da todo igual ”.






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