Mauro Szeta
Mauro Szeta
La víctima, una joven de 21 años y embarazada. Sus captores, sus suegros.
Fueron ocho meses de tormentos. La perversión llegó a extremos descomunales. Además de estar embarazada, la joven mujer tiene otra hija de dos años a la que tuvo que criar en situaciones de encierro. La historia tiene varios protagonistas y varias coincidencias.

El suegro secuestrador cumple arresto domiciliario por un homicidio. Uno de sus hijos murió baleado por la policía y su otro hijo, el marido de la joven mujer secuestrada, está detenido en un penal.

El matrimonio no sólo se ensañó con los la joven de 21 años. También encerró a otra chica de 18 años, que fue pareja del otro hijo que murió baleado en un enfrentamiento.

Como ejemplo de la perversión y los malos tratos, basta decir que a la joven secuestrada le pasaban comida una vez cada tres días por debajo de la puerta.

Lo llamativo del caso es que los suegros se enseñaron siempre con los mujeres de sus hijos.

Un día y por motivos que se investigan, los suegros sometieron a una paliza brutal con golpes y palos. Esa situación fue aprovechada por la mujer para fugar. Sin aliento llegó a la comisaría local y contó el calvario.

Por ahora, a los suegros no los detuvieron. La primera etapa, dijeron en Tribunales, pasa por recuperar de salud a la mujer y a su hija.

Un error descomunal. Una historia de perversión ilimitada.