El arzobispo de La Plata volvió a criticar que vivimos en una "cultura fornicaria", cuestiona los 450 mil preservativos repartidos en la Villa Olímpica y rechaza las "combinaciones antinaturales" entre personas del mismo género.
El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, consideró este martes que existe una "cultura fornicaria" que banaliza "la unión entre el hombre y la mujer", cuestionó la entrega de preservativos en la Villa Olímpica en el marco de los recientes Juegos Olímpicos y criticó el "petting" -el contacto erótico sin llegar al coito- en lugares públicos.
Bajo el título "La fornicación", el prelado platense repasó en una columna de opinión publicada por el diario El Día lo que consideró una "cultura fornicaria que se va extendiendo sin escrúpulo". En esa nota, habla del "vicio" de la fornicación, definida como "tener ayuntamiento o cópula carnal fuera del matrimonio", que "se ha convertido en algo trivial, común, insustancial".
Asimismo, resalta que hoy en día "la 'igualdad de género' permite otras combinaciones, antinaturales" que no son las de un hombre con una mujer.
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El arzobispo de La Plata consideró que existe una "cultura fornicaria" que banaliza "la unión entre el hombre y la mujer", cuestionó la entrega de preservativos en la Villa Olímpica al afirmar que el número implica que se entregaron "42 condones por cada atleta", teniendo en cuenta los 17 días de duración de las competencias.
Y lanzó: "La preparación para las mismas impone, como es lógico, la abstinencia, pero después de cada competición; ¡a coger atléticamente! No se asuste el lector por el uso de este verbo, no incurro en una grosería impropia de un obispo. El Diccionario de la Academia, en la acepción 24 del término señala que es un vulgarismo americano: 'realizar el acto sexual'; pero en la acepción 19 define: 'cubrir el macho a la hembra'; aquí entonces aparece en el significado de la palabra un matiz de animalidad".
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"Quiero decir en consecuencia que la cultura fornicaria que se va extendiendo sin escrúpulo alguno es un signo de deshumanización, no es propia de mujeres y varones como deben ser según su condición personal. Algo de no humano, de animaloide aparecería en esa conducta", agregó.
Además, arremetió contra la adopción de niños por parte de matrimonios igualitarios y opinó: "La discriminación de los antidiscriminadores ha llegado a límites inconcebibles, como el de negar el derecho de los niños a ser criados y educados por un padre y una madre; así se ha visto en la entrega en adopción de niños a 'matrimonios igualitarios. Los enciclopedistas anticatólicos del siglo XVIII se horrorizarían de semejante atentado a la razón".