Argentinos, un club lleno de gloria

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Tras 25 años, el Bicho se onsagró campeón. Su último título había sido en el Nacional 1985, cuando Borghi, actual DT, era el 9 del equipo.

Télam
Por Télam
Argentinos Juniors, cuna tradicional de cracks, logró su tercer título en la historia del fútbol nacional, un cuarto de siglo después del período que lo inmortalizó en la galería de los campeones.

Claudio Borghi, exquisito jugador que dejó su huella en los gloriosos años 1984 y 1985, lideró esta vez –desde el banco de suplentes- un equipo sin el fútbol de aquel tiempo pero con la audacia como principal virtud.

En definitiva, un rasgo distintivo de las buenas formaciones logradas a lo largo de la historia por una entidad, que nació el 15 de agosto de 1904 por iniciativa de un grupo de jóvenes socialistas en homenaje a los "Mártires de Chicago".

Argentinos Juniors, pese a sus vaivenes institucionales, nunca renunció a su condición de club escuela y siempre permaneció como un lugar de expresión de un modo de sentir el fútbol criollo.

Desde su fundación y hasta 1955, los bichitos colorados militaron alternadamente entre la máxima categoría y el ascenso; mientras configuraban su identidad por oposición a sus vecinos de La Paternal: All Boys, Atlanta, Chacarita Juniors, Ferro Carril Oeste y Platense.

Su primer gran equipo surgió en 1960 con una delantera temible, compuesta por Martín Canseco, Martín Pando, Osvaldo Carceo, Hugo González y Mario Sciarra, que dejó al club en las puertas del título, finalmente conquistado por Independiente.

Como prólogo de su década más gloriosa, Argentinos se granjeó en los años '70 el prestigio de haber lanzado a la fama al jugador más grande de todos los tiempos: Diego Armando Maradona. Fue el 20 de octubre de 1976, ante Talleres de Córdoba, cuando Pelusa estaba a diez días de cumplir 16 años.

Desde entonces, el club se convirtió en un semillero fantástico. El propio Borghi, Fernando Redondo, Juan Pablo Sorín, Juan Román Riquelme, Esteban Cambiaos, Diego Placente y Fabricio Coloccini, entre otros, fueron los apariciones más rutilantes.

En 1984, Argentinos logró la combinación de su histórico estilo de juego atildado con el éxito, pues aquel equipo dirigido por Roberto Saporiti consiguió el Campeonato Metropolitano, después de ganarle a Temperley por 1-0, en cancha de Ferro.

Enrique Vidallé, Jorge Olguín –campeón del Mundial Argentina 1978-, Sergio Checho Batista y el Bichi conformaron la columna vertebral de una formación que, un año después, ya con José Yudica como entrenador, confirmaría su prestigio con la obtención de la Copa Libertadores, por penales, ante América de Cali.

Durante 1985, el ofensivo Argentinos que también integraban Emilio Nene Commiso, Mario "Panza” Videla, José Pepe Castro y Carlos Ereros se alzó, además, con el torneo Nacional y la temporada siguiente con la Copa Interamericana, que le ganó al
Defense Force en Trinidad y Tobago.

Curiosamente, la admiración generada por aquel equipo terminó por despertar después de una dignísima derrota ante el poderoso Juventus de Italia, donde brillaba el francés Michel Platini, en la Copa Intercontinental del '85 jugada en Tokio.

Nunca en la historia del trofeo disputado en Japón hubo un partido tan excitante y bien jugado como aquel que ganaron los italianos por penales, después de empatar 2-2 en un partido que siempre tuvieron que remontar.

La década del '90 significó para Argentinos, como para tantos otros clubes modestos, el inicio de un deterioro institucional y deportivo, que se tradujo en una constante lucha por mantener su condición de primera.

Sus hinchas ya conocían el dramatismo de pelear por la permanencia, pues en 1981, antes del período más brillante, el equipo jugó una final con San Lorenzo y festejó como un título el orgullo de condenar al descenso por primera vez a un grande del fútbol argentino.

Ocurrió en otro 15 de agosto, en el 77º aniversario de la institución, acaso como una segunda fundación, en la cancha de Ferro.

Una sucesión de magras campañas lo mandó a la Primera B Nacional en 1996, después de 41 años en primera, pero volvió la temporada siguiente, de la mano de Osvaldo "Chiche” Sosa, en un equipo que contaba con Rolando Schiavi, Placente y Jorge Polo
Quinteros, entre otros.

La inestabilidad deportiva de aquel período, que incluyó otro descenso a mediados de 2002, terminaría paulatinamente cuando el club recuperó la condición de local a fines de 2003 con la construcción del estadio Diego Armando Maradona, sobre la base del anterior, en Boyacá y Agustín García.

En ese reductor, de dimensiones más pequeñas a las del resto de las canchas de primera división, se convirtió en un rival siempre incómodo, especialmente para los clubes grandes.

Después de algunas buenas campañas, como la del equipo conducido por Néstor Gorosito que llegó a semifinales de la Copa Sudamericana en 2008, Argentinos recuperó su poderío hasta que la llegada de Borghi –el elegido de La Paternal- liberó el grito de campeón contenido durante un cuarto de siglo.

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