Cómo les fue a los presidentes cuando la Selección Argentina obtuvo un Mundial
La historia institucional de la Argentina parece ser una paradoja en cuanto al "uso político" que los gobiernos hacen de los logros deportivos de los futbolistas.
Presidentes Alberto Fernández, Raúl Alfonsín y Javier Milei.
En el último medio siglo, seis selecciones nacionales diferentes de dos continentes lograron consagrarse en los diez mundiales organizados por la FIFA y celebrados en el mismo período: Argentina, Alemania, Brasil, España, Francia e Italia.
Por año y por sede, esos campeones fueron:
- 1986 (México): Argentina
- 1990 (Italia): Alemania
- 1994 (Estados Unidos): Brasil
- 1998 (Francia): Francia
- 2002 (Corea del Sur-Japón): Brasil
- 2006 (Alemania): Italia
- 2010 (Sudáfrica): España
- 2014 (Brasil): Alemania
- 2018 (Rusia): Francia
- 2022 (Qatar): Argentina
Obviamente, todos esos mundiales coincidieron con momentos institucionales particulares en cada uno de esos países, y la consagración futbolística de sus combinados no siempre significó un aval político y social a sus gobernantes, aunque usualmente suele hablarse del “uso político” que los gobiernos dan a los eventos y victorias deportivas en general.
¿La paradoja argentina…?
En cuanto a la Argentina, en las dos ocasiones que la selección logró el campeonato global sus respectivos presidentes no se presentaron para renovar sus mandatos y, además, sus respectivos partidos perdieron las elecciones presidenciales que sucedieron al logro futbolístico.
Raúl Alfonsín, jefe de Estado en 1986, debió abandonar antes el poder debido a la crisis económica y social que sacudía el país y su corriente partidaria, el radicalismo, terminó perdiendo abrumadoramente la elección de 1989 ante el peronismo que llevaba como candidato a Carlos Saúl Menem.
Y Alberto Fernández, mandatario en 2022, tampoco se presentó para la reelección ante las dificultades que presentó su gestión y el partido que representaba, el peronismo, cayó en la elección de 2023 ante la coalición que llevaba como candidato a Javier Milei.
Tomando esos casos como referencia, se confirma lo que en nuestro país puede ser una regla (o su excepción), con la mirada puesta en la final de este domingo y las elecciones presidenciales del año próximo: que la obtención de un Mundial no significa un logro político de su gobierno sino, al contrario, la cierta posibilidad de una derrota electoral.
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