El vocero de Julio Grondona que vivía en la AFA pide una jubilación digna

Deportes

A través de una carta, Cayetano Ruggieri, de 83 años, reclama a la justicia que resuelvan sobre un ajuste en sus haberes jubilatorios.

Cayetano Ruggieri se desempeñó como jefe de prensa de la AFA y mano derecha de Julio Grondona dentro de la institución, tal es así que tenía llaves del edificio ubicado en Viamonte 1366 y vivió en el 8° piso. Ahora, con 83 años, le reclama a la justicia una jubilación digna.

La relación entre el eterno jefe del fútbol argentino, que a pesar de haber fallecido hace casi 10 años parece aún susurrar cosas al oído al Chiqui Tapia, y Cayetano comenzó en el año 1977, cuando publicó en el suplemento deportivo del Diario Crónica un balance inexacto de Independiente, club que Grondona presidía.

Luego de una dura conversación, el enojo quedó saldado con una nueva nota aclarando el error y eso dio paso a una gran amistad entre ambos. Tanto fue así que en el 2000, cuando Crónica entró en crisis y no pagaba los sueldos, Julio Grondona lo contrató como jefe de prensa de la AFA, sellando el pacto de caballeros que había comenzado hacía 23 años atrás.

Tras la muerte de su compañera de vida, Cayetano Ruggeri habló con su amigo y este le ofreció volver a la AFA y hasta le dio las llaves de la institución y un lugar para quedarse, dado que él vivía en Lago Puelo.

Más allá de la pintoresca historia de amistad, trabajo y fidelidad, actualmente el histórico periodista de 83 años volvió a tomar su pluma y escribió una carta para pedirle a la justicia que resuelva un reajuste sobre su jubilación.

La carta de Cayetano Ruggeri a la justicia

Más que una carta de lectores, pretende ser una apelación a la doctora Karina Alonso Candis titular del Juzgado Federal de Primera Instancia, donde hace muchísimos años mi pedido de reajuste por haberes jubilatorios mal liquidados, duerme el sueño de los injustos.

Orwell decía que todos somos iguales, pero uno son más iguales que otros. Nada más cierto. Y para demostrarlo mencionaré algunas supuestas disimilitudes

Usted tiene asegurada a partir de los 60 años de edad una jubilación de privilegio y es casi seguro que no paga impuestos. Que nunca los pagó, ni los pagará. Y hasta que haya estudiado en establecimientos públicos que mis impuestos ayudaron y ayudan a mantener.

Me jubilé a los 65 años con 67 de aportes (Crónica, Ferrocarriles Argentinos, AFA, Radio Nacional). Durante casi un cuarto de siglo tuve dos trabajos al unísono. Me desestimaron otros 5 como monotributista para no bajarme el promedio. Propio de un país donde los patos le tiran a las escopetas. Aporté para subirlo, pero era para bajarlo. Quizá Elena Walsh pueda explicarlo mejor que yo.

Pero hete aquí que los 67 son muchos más: En Crónica, durante casi 10 años todos los sábados y domingos trabajé doble turno porque me hacía cargo de Deportes del Vespertino, por lo que los aportes se extendieron bastante; encima durante los viajes solían pagarnos 3 días por día, por nuestra dedicación a full. Por ejemplo cuando volví del Mundial de México donde estuve más de dos meses, cobre medio año. No es todo, en las vacaciones varias veces me hice cargo de una revista que salía con el matutino del domingo y también cobré extras importantes. Todo en blanco y con los aportes e impuestos correspondiente. Una cuenta rápida y nada alejada de la verdad, diría que inicié mis trámites con más de 71 años de aportes.

Pero no es todo. Después de jubilado trabajé en blanco más de seis años, con aportes que vaya a saber adónde fueron a parar. A mis actuales ingresos, no.

No sé si leyó a Orwell, lo seguro es que a mi expediente ni siquiera le echó un vistazo; tanto es así que aceptó sin rechazar "in limine" un burdo argumento de la ANSES, alegando que como cobro la pensión de mi fallecida esposa, no corresponde hacerme ajuste alguno.

Al truhan que presentó el escrito, la autorizo que le diga que si me devuelve a mi esposa, yo voy a revolver cielo y tierra para reintegrarle a la ANSES todo lo recibido en ese concepto.

Es mi deseo que alguien de su entorno familiar o del núcleo de sus amigos alguna vez le pregunte si usted avala semejante inequidad.

Tengo 83 años y debido al reciente Mundial me voy a permitir a hablarle en términos futbolísticos: ya jugué el primer tiempo, ahora estoy en las instancias finales del segundo pegándole de punta y hacia arriba tratando que la pelota no baje nunca, o caiga en la casa de la vecina que no la devuelve jamás o en su defecto la pincha. Y rezando para que el alargue, si me toca jugarlo, un fenómeno meteorológico, lo extienda por tiempo indeterminado. Si Dios me ayuda y tengo la suerte de llegar a los penales, le voy a pedir a Dibu Martínez y a Agustín Rossi que me asistan. Con jueces como usted, toda precaución es poca.

Antes de despedirme le aseguro no pretendo dar lástima, ni recoger limosnas. Solo le pido, es más, le exijo que no me regale nada, pero que haga justicia. Y ya.

Dejá tu comentario