Rafael Nadal obtuvo su séptimo título en Francia
El tenista español le ganó 6-4, 6-3, 2-6 y 7-5 al serbio Djokovic, después de que el encuentro se hubiera suspendido el domingo por la lluvia.
Nadal
Djokovic
en la tribuna y estalló en lágrimas.
En un tarde gris en París y con un estadio con más claros de lo habitual, Nadal pudo completar hoy lo que había dejado en suspenso el domingo.
La lluvia había frenado entonces una furiosa remontada de Djokovic, que pospuso lo que parecía una segura victoria de Nadal al encadenar ocho games consecutivos y colocarse un quiebre arriba en el comienzo del cuarto set.
Pero la noche cambió los ánimos. Djokovic ya no era el tenista abrumador que frenó la lluvia, y Nadal, más calmado, se disponía a volver a ser el de los primeros sets.
Así, en el primer game desde el reinicio el español se aprovechaba de un Djokovic frío y tras una serie de errores del serbio y con un poco de ayuda de la faja lograba el quiebre. El número uno del mundo, molesto, se golpeaba la cabeza con la raqueta.
Pero ya no había margen para enojos. Cada game se jugaba al borde del abismo. Cualquier error de Djokovic dejaba a Nadal a un paso del título y cualquier falla del español lo depositaba a las puertas de un temido quinto set, el escenario menos deseado.
Para agregarle más dramatismo, la lluvia se volvía a hacer presente con Nadal 5-4 al frente y el saque del serbio. "Cubran las bolas", pedía desesperado el español. No quería que las pelotas de pesadas de ayer, tan que frenaban su derecha con top.
El público abría los paraguas en la cancha Philippe Chatrier, pero en cuestión de segundos el diluvio dejaba paso al sol y el juego continuaba sin interrupciones.
Djokovic, firme, mantenía su saque y angostaba la definición. Pero el serbio fallaría cuando sacaba 5-6 y Nadal se llevaba el título en su primer punto para partido con una doble falta.
El español se desplomaba en el suelo y de inmediato corría a abrazar a su sector.
Aliviado y entre lágrimas, el español decía adios al "virus Nole" y otra vez en su mejor nivel, el único límite de Nadal vuelve a ser él mismo.
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