Boca y los partidos que estamos jugando

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Sol Quiroga Álvarez es periodista de minutouno.com, pero antes que eso es de Boca por legado familiar tanto materno como paterno. Así siente el Superclásico y describe el duelo que el Xeneize juega todos los días.

Me resulta raro explicar las pasiones. ¿Acaso se puede explicar el amor? Puede ser, pero jamás será algo objetivo. Así que acá no vengan a leer “cosas objetivas”, no me respondan desde la razón porque en estos temas esa mirada pasa a un segundo plano. Soy hincha de Boca, primero porque lo elijo todos los días a pesar de cualquier disgusto, después por tradición familiar, conciencia de clase e identidad popular, algo que estamos luchando para recuperar.

Se acerca un nuevo Superclásico argentino y la previa ya está prendida fuego, a pesar de la pandemia interminable y de las restricciones. Contar la historia del nacimiento del club más popular de nuestro país, por ahí es remanido, pero conocerla hace que entendamos por qué Boca es identidad de pueblo trabajador, carnaval y crisol de culturas.

En una analogía, quizá tirada de los pelos, siempre sostuve que lo que hace grande al Xeneize son sus detractores, el “antiboquismo” que no distingue camisetas, y que es muy similar al sentimiento antiperonista, pero esta teoría la desarrollaré en otro momento.

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Boca siempre fue identificado por la garra y el juego brusco, el supuesto buen fútbol era, presuntamente un rasgo característicos de nuestros primos, que nacieron en la misma bosta a orillas del Riachuelo pero que a temprana edad olvidaron sus orígenes y se volvieron un club clasista.

A pesar de estas falsas acusaciones, vestidos con la azul y oro sacaron a bailar al balón en la hermosa Bombonera, nada más ni nada menos, que Diego Armando Maradona y el impecable Juan Román Riquelme. pero también, y jugando un poco con la nostalgia de los que peinan canas, podemos nombrar a Ángel Rojas, cintura de oro; Madurga, habilidad y quiebre; Rubén Suñé el gran capitán; Silvio Marzolini un defensor con clase mundial. Ya mencioné que ser hincha de Boca es una tradición tanto en mi familia paterna como materna, ¿no?

Boca, Boquita es todo, son las lágrimas de felicidad en Tokio levantando la Intercontinental pero también es la camiseta con los números escritos con fibrón y vinos Maravilla. Es la previa en uno de lo barrio pintoresco de la Ciudad y el colectivo 86 por Laguna, como decía el reconocido cantautor español.

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Y de River, qué puedo decir de River… nada. Sólo sé que jamás sería hincha de hincha de River, no me identifica nada de su idiosincrasia aunque debo reconocer que esta cambió un poco luego de su descenso a la segunda categoría del fútbol argentino.

Con respecto al Superclásico, quiero ganarlos todos, jugando bien, mal o de chiripa. Nos dolió Madrid, obvio, como a ellos les dolió el gol de Palermo con las muletas, pero el fútbol siempre da revancha y eso es lo lindo de este hermoso juego.

Dicho todo esto puedo seguir describiendo muchísimas cosas que a Boca lo hacen el club más grande de la Argentina y reconocido a nivel mundial, pero -más allá de cualquier chicana deportiva- el mayor partido que debe enfrentar nuestra amada institución social y deportiva, y nosotros como hinchas, es volver a recuperar esas identidad que le fueron arrebatando cuando intentaron convertirnos en una empresa, cuando excluimos a los pibes de La Boca para meter turistas. Ese es el partido, que a mi entender, estamos jugando y debemos ganar.