Fue una igualdad sin goles, apática, casi sin emociones y en donde el protagonista, lejos de ser algún jugador o, en el peor de los casos, el árbitro, terminó siendo el pasto, sin dudas el gran enemigo de ambos conjuntos en el encuentro entre Crucero del Norte y Tigre.
Es que el estadio Comandante Andrés Guacurari, que por primera vez albergaba un partido de Primera División, lució un césped inédito, con una altura y un grosor que, a simple vista, complicaba y mucho a todos los jugadores.
"Es una cancha muy grande, el pasto aparte de alto estaba raro. Creo que es otro tipo de césped, es raro. La mayoría no había jugado nunca con algo así. Es una dificultad más", apuntó Ernesto Goñi, defensor uruguayo del conjunto de Victoria.
Pero las críticas no quedaron sólo en los visitantes, ya que hasta el propio entrenador local, Gabriel Schurrer, reconoció que el pasto estaba "más alto de lo normal".
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Sin ir más lejos, en una de las pocas acciones de peligro de todo el encuentro, el delantero local, Diego Torres, terminó pateando muy mal y desviado un tiro penal, haciendo aún más evidente lo indisimulable.
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Según los especialistas, ese "pasto raro" es una grama bahiana, que es el único césped que resiste las altas temperaturas de la ciudad de Garupá, donde está emplazado el estadio.
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Lo cierto es que la grama bahiana tuvo su primer gran protagonismo en la noche del sábado y promete ser el eje de una polémica que recién está comenzando.
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