Ataque ochentoso: vuelven con fuerza los lavaderos automáticos

Economía

Los lavaderos automáticos fueron, a fines de los ochenta, un símbolo de la econompia que se venía: La tercerización de las tares domérticas fue una tendencia que duncionó como colchón para que los locales de lavado de ropa florecieran en todas las cuadras.


 


En tanto "moda" fueron contemporáneos de los "parripollo" y las canchas de paddle. Y sufrieron como nadie los vaivenes económicos del país. Ya desde mediados de la década pasada perdieron el esplendor que habían sabido conseguir. Pero hoy se están recuperando. De acuerdo con empresarios del rubro, el servicio está volviendo a ser requerido, y la rentabilidad del sector aumentó entre un 10% y un 20%.

“A partir del 94, la plata empezó a rendir menos; ni hablar después del 2001” cuenta Guillermo Loiácono, de la cadena Lave Rap. En esos años muchos locales que habían abierto en épocas de furor ya pasadas se vieron obligados a cerrar sus puertas. “Hubo una depuración muy grande”, asegura Loiácono.

Luisa Barra, de Lava Ya, dice que el sector tuvo “una meseta entre 2000 y 2005”, en la que entre la crisis, los costos altísimos y la baja rentabilidad, muchas lavanderías tuvieron que cerrar.

Las complicaciones que llevaron a muchos locales a bajar la persiana tuvieron que ver con el tremendo golpe que sufrieron los ingresos del consumidor. “Cuando el bolsillo duele, la lavandería es uno de los gastos de los que primero se prescinde”, explica Loiácono. A esto se suman los temibles alquileres, un obstáculo aún no superado.

Hoy, sin embargo, el negocio se está recuperando. “Antes la rentabilidad estaba en el 10% sobre el nivel de ventas; hoy llegar a 20% o al 30%, que es un nivel mucho más aceptable”, puntualiza Luisa Barra. Por su parte, Lave Rap abrió 7 nuevos negocios en 2005, 12 en 2006 y 16 en 2007. Así lo confirma Carlos Canudas, consultor en franchising.

Los motivos por los que aumentan los ingresos son “el aumento del turismo, que repercute mucho en las lavanderías, y que muchos confeccionistas vuelven a enviar sus productos a los lavaderos”, según Barra. Además, de acuerdo con Loiácono, “ante la tranquilidad de que uno puede gastar más, se da cuenta de que le conviene mandar la ropa a lavar”.

Dejá tu comentario