Especies en extinción: el corcho argentino herido de muerte
* La industria nacional del sector no puede acompañar el buen momento de la vitivinicultura.
*Los aranceles aduaneros favorecen los productos importados por sobre los locales.
* El sector redujo su facturación entre un 30% y un 40%.
* Las bodegas compran el producto directamente en el exterior.
Corchos
Es esencial al vino la existencia de un corcho. Mucho se dice acerca de su forma, de cómo debe destaparse la botella, y otros detalles. Pero lo cierto es que la industria del corcho en Argentina ha visto comprometida su productividad a manos, en muchos casos, de empresas internacionales.
Según explica Riera, “la materia prima no se produceen la Argentina , e importada tiene un 11% de arancel aduanero, mientras que el producto semi terminado o terminado no tiene impuestos”. Esto impulsa a las bodegas a comprar los corchos directamente en el exterior, y pone a las empresas nacionales en medio de una competencia desigual.
El árbol del que se extrae el corcho, el alcornoque, se planta en España, Portugal Argelia, Marruecos, Francia, Italia y Túnez, entre otros. La producción en Argentina se realizaba, en épocas pasadas, importando materia prima. En la actualidad, sin embargo, muchas bodegas compran los tapones directamente en el exterior, y sólo recurren a las fábricas nacionales si la compra realizada no les alcanza para cubrir las necesidades de embotellado.
Riera asegura que en su empresa “hay mentalidad industrial. Queremos producir, y no tenemos ganas de comprar el producto hecho y distribuirlo.”. Suárez, por su parte, puntualiza que “las empresas extranjeras tienen materia prima, por lo que manejan el mercado, y les conviene más exportar el producto semi terminado”.
El plástico ya fue
“Los corchos de plástico fueron una moda”, coinciden los responsables de Alfacork y Merola. En Europa “ya casi ni se utiliza”, afirma Riera. Sucede que, si bien los sustitutos suelen ser más baratos, las propiedades del corcho permiten la oxigenación adecuada del vino, mientras que el plástico lo impide.
Esto hace pensar que la industria de los corchos continuará vigente. Pero plantea un interrogante respecto de las fábricas nacionales, que cada vez tienen menos elementos para lograr que se proteja la producción nacional. Los reclamos no tienen mucho efecto, ya que se trata de un sector que no tiene muchos empleados, con lo que los reclamos “son inútiles”
“Yo tenía 70 empleados, y ahora tengo 15. Si hubiese protección de parte del gobierno se podría volver a contratar”, se lamenta Riera. Suárez, por su parte, sentencia: “Las empresas no van a desaparecer. Corcho, Botella y Vino van a morir juntos".
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