Los diálogos más sabrosos de las "Charlas de quincho"

Economía

* Dos casamientos y las intimidades del matrimonio presidencial son los escenarios en que se desarrolla este espacio creado por Ámbito Financiero, que minutouno.com resume para sus lectores, como cada lunes.

*  -Ella no quiere que la confundan con Isabel (por María Estela Martínez de Perón, puesta en su cargo de vice por el dedo de su marido y de funcionamiento automático a sus designios).

-Bueno, pero él tampoco quiere ser Zulemo (por Zulema Yoma, ex de Carlos Menem, a la que debieron desalojar por la fuerza de la residencia de Olivos por haberse excedido en sus funciones de primera dama).

Sabroso y abierto diálogo -sobre el cual luego se abundará- en el medio de la multitud que acompañaba el casamiento de Aníbal Jozami, ya experimentado sociólogo, coleccionista de arte y rector de la Universidad de Tres de Febrero, con una pimpante periodista brasileña, Marlise Ilhesca, pareja que hace tiempo discurre alegremente sin que se escuche un no entre ellos. Al menos, como en los grandes matrimonios, por parte de él.
Fue en la residencia del embajador de Francia, Frederic Baleine du Laurens, en Martínez, con varias carpas en un mediodía brillante, las mujeres convocadas al estilo de la reina de Inglaterra (todas con sombrero, varias con una escultura sobre el mismo sombrero, lo que habilita para editar un anuario sobre tocados y moda) y suelta de globos al concluir la ceremonia, primorosamente atados a cada una de las sillas, con una tarjeta a la cual los invitados le impusieron sus buenos deseos en forma de oración (también ese ejercicio demandaría la edición de un álbum con frases que oscilaban entre la autoría de novelas de la tarde a esforzados poetas que inmortalizaron la felicidad en forma anónima). Como la fiesta se realizó después de las elecciones, tal vez algunos de los globos cayeron en la residencia de Olivos, los Kirchner bien podían haber pensado que estaban dirigidos a ellos, de un pueblo agradecido que les transmitía buenaventura por los próximos mil años.  
*  -Si nunca hubo un problema entre ellos cuando él gobernó, ¿cuál es la razón por la cual ahora tendrán discrepancias, simplemente por un cambio de titularidad de la escritura?
-Nadie discute la naturaleza de esa relación, pero convengamos que hasta ahora el gobierno nunca tuvo problemas importantes, casi ni me acuerdo de una noche difícil que le haya costado el sueño a Néstor. Pero, en estos 4 años que vienen, ¿serán siempre bendecidos por la diosa Fortuna? Las crisis suelen provocar tensiones en la cúpula del poder.
*  -Ni ella ni nadie se imagina a Kirchner como valet de la señora, como el señor Thatcher de la Thatcher. Pero tampoco podrá permitirse excesos irritantes, comentó otro.
-Ya que cita a Inglaterra, ¿usted cree que el marido de la reina no tiene voz ni voto? Y sin embargo, discretamente, ocupa su lugar, replicó alguien que parecía conocer la intimidad de los Kirchner como una sociedad en la que la inteligencia del esposo -jamás la sumisión, al revés del resto mayoritario de los maridos- impuso las condiciones para que la actividad del poder siempre sea ejercida por él.
Se cruzaban, charlaban, el ministro Alberto Iribarne (fuerte candidato a reemplazar a Osvaldo Guglielmino en la Procuración del Tesoro), Eduardo Luis Duhalde (Derechos Humanos), también el ex banquero Alex Reynal, Mauricio Herlitzka, José Nun (responsable de Cultura en la Nación), Ignacio Liprandi (quien no tendrá responsabilidad en la Cultura de la Ciudad), Fulvio Pompeo (quien sí tendrá ocupaciones internacionales con Mauricio Macri), el embajador brasileño Mauro Vieira, Claudio Stamato, Braulio Bauab, Martín Granovsky, de «Télam», y José Luis Manzano, de «Canal 2», quien explicaba «lo bien que le fue a Francisco (De Narváez, su socio) en las elecciones, cómo de la nada trepó al tercer lugar en la provincia de Buenos Aires». Tanto ajetreo le impidió contar la razón por la cual su empresa Quetzal o Ketzal lleva ese nombre, incógnita para otra fiesta.  
* -No entiendo las expresiones de la señora sobre cómo debe ser el periodismo. ¿De dónde saca esas teorías tajantes de que el periodismo sólo debe informar? Como si los redactores fueran, en exclusividad, locutores.
-Bueno, tampoco sé de dónde saca otras teorías, por ejemplo sus apreciaciones sobre política exterior, de que la Argentina debe estar vinculada a Venezuela como si la constitución de ese eje impidiera el gigantismo de Brasil. O, lo peor, plantearse como uruguaya o paraguaya en el Mercosur; es decir, hacerse amigo de los grandes para sacar ventajas. Empezaban a llover críticas, se anotaban varios para objetar pequeños o grandes deslices de quien, en Santa Cruz, ya es llamada cariñosamente «Santa Bárbara». Al menos, frente a ella.
-¿Y cómo la llaman a sus espaldas?
-Eso se lo reservo para la semana próxima.

Había dos heridas en combate en la celebración: la colorada María Teresa González Fernández -no se iba a perder un encuentro social con obligación de sombrero, como si fuera Esther Goris-, asistida con muletas, ajena a las versiones de que Cristina de Kirchner no quiere a su ex marido Felipe Solá y, en silla de ruedas, Camilla Mackeson, confiada en que pronto volverá a las pistas. No faltó el jefe de ceremonial de Lula, George Monteiro Prata, un jerarca de Itamaraty como Alfonso de Ouro Preto y el ex ministro de Cardoso en Ciencias, Ronaldo Sardenberg, el titular de Brahma, la dueña de Palatina ( Norma Quarato), Jorge Castro, ya veterano en el Mercosur con la brasileña a su lado Marcia Carmo, Jorge Hugo Herrera Vegas, Fernando Sokolowicz, Norberto Frigerio, Renato Rita, Luis Betnaza, María Laura Leguizamón y el tenaz Ennio Iomi, tan vivo como sus esculturas. Impecables, atentos, la novia con una cotorrita en el tocado, casi una señal de su alegría en la cabeza, y el novio portando un costoso panamá que en esa residencia -fue de los Kavanagh, la hizo comprar Charles de Gaulle cuando vino en los 60 y le debieron hacer en el Plaza una cama especial para su estatura-, con parque escalonado hacia el río, con doble juego de escaleras, piscina y arboleda, se debía sentir el Gatsby de Scott Fitzgerald. Al menos, era comparable su fiesta a las que brindaba aquel millonario personaje muerto de amor por una mujer imposible.
¡  Otro casamiento, con pareja joven (la hija del economista Orlando Ferreres) en Espacio Pilar, luego de simpática boda religiosa en la capilla del Mayling, en la que los novios se besaron antes de tiempo (del tiempo del cura, claro) y de que la novia, como su futuro esposo hablaba bajito, le dijera: «Hablá más alto, a ver si la gente piensa que la única que se quiere casar soy yo». De allí al centro de reunión, con amenaza de lluvia y fuerte viento, el padrino agitado y en el cóctel más largo del mundo -método para que la gente dialogue entre sí, no exclusivamente con el de turno que le toca en la mesa- se trenzaron los economistas Roque Fernández, Domingo Cavallo, Pablo Rojo, Martín Redrado, Adalberto Rodríguez Giavarini, Agustín Monteverde y el comentarista petrolero Daniel Montamat. También había empresarios, tipo Méndez Ross (barcos), Gutiérrez (La Lomada), Spotorno, Majdalani (acero inoxidable), hasta que nueve violinistas del Colón tocaron el vals y, luego de esa introducción danzante, se pasó al plato principal: lomo envuelto en panceta (ingestión que luego obligaba al baile) acompañado con una tortillita que el chef ponderaba con nombre francés.
¿De cuánto serán los aumentos de tarifas?, interrogaban los más ansiosos con las cuentas fiscales. Jamás se otorgará lo que las empresas demandan y, no se hagan ilusiones: el gobierno mejorará el nivel de tarifas sólo para enjugar el déficit, para pagar lo que se importa de combustible, no para atender las solicitudes empresarias por el atraso. Sorpresa por el dato, a confirmar, con un agregado extra: además, de qué sirve saber cuál es el porcentaje a conceder si nadie sabe cómo se habrá de repartir ese incremento. En la cadena energética son numerosos los que participan, difícilmente se les conceda a todos lo mismo. Algunos miraban a Redrado para escuchar comentarios, pero él le sonreía a su esposa Ivanna y calmadamente aseguraba que no habría problemas inflacionarios. Mientras, el ex ministro Fernández disertaba sobre otra cuestión: cómo será el aterrizaje económico en los Estados Unidos, de golpe o en forma paulatina (daba por seguro que no se salió de la crisis, como insisten los operadores financieros).
•  Nadie se atrevió a discutir el mensaje del exponente -quien, además, planteaba combatir a cualquiera que le debatiese-, un caballero enigmático que en la mesa desató la curiosidad general cuando dijo: ¿quién es el periodista al que le cambiaron la cerradura de la casa porque se puso de novio con la hija de otro periodista, ya muerto, y emparentado con un tercer periodista que se casó el fin de semana? Todo encubierto, según dijo, por el viejo pretexto del juego del golf.
Divertidísimo el trámite, nadie acertó con el nombre. Habrá que esperar otra semana.  
•  Parecía una residencia solitaria «Los Sauces» -la vivienda de fin de semana de los Kirchner en El Calafate-, salvo custodios y visitantes mínimos de tareas domésticas, lugar donde el matrimonio presidencial decidió recluirse. Es que ambos decidieron suspender visitas y conversaciones con allegados de Buenos Aires -por ejemplo, Alberto Fernández- para organizar el próximo gobierno nacional a partir de marzo y el de Santa Cruz a cargo de Daniel Peralta, con quien almorzaron y se rieron de la prensa que les vaticinaba desastres, pero obtuvieron 14 de las 15 intendencias de la provincia. Mientras, la pareja se ordenaba para satisfacer un criterio de la señora electa: quiere gente joven en su nueva administración, con pocos antecedentes políticos; gente que no la conozca hace tiempo -por lo tanto, santacruceños abstenerse-, que se le discipline y, en consecuencia, le deba a ella su estabilidad. Piensa como el marido, aunque éste prefiere conocidos y pocos: una forma de tener más control.
Otro de la zona que ingresó a la casa fue Héctor Belloni, intendente electo de El Calafate, por quien nadie arriesgaba una moneda como candidato (en rigor, ganó por la ley de lemas). A él le comunicaron que debía abrir las tranqueras: es que se supone que no menos de 300 funcionarios de Kirchner, oriundos de la provincia, regresarán a la tierra y necesitan conchabo. También en El Calafate habrá que ubicarlos, ya que una buena parte supo invertir en esa región turística que parece dominada por los Kirchner, como antes Carlos Menem dominaba Anillaco. Esta deserción futura se explica en el reclamo de Cristina por incorporar otras figuras -finalmente, ella vivió muchos años en la Capital, le cederá la derecha en ese sentido al jefe de Gabinete- en niveles medios de los ministerios. Y allí, en esas cúpulas, ¿habrá cambios? ¿Se va Julio De Vido? Por el momento, no se avizoran modificaciones: hay que mantenerlo para atender los problemas energéticos que supone el verano -especialmente diciembre, la mitad de febrero y marzo-, no tanto por la falta de combustible sino por las dificultades que revela la maquinaria para procesarlo. Después, hay quienes lo imaginan en una embajada (¿España, Italia, Francia?), deseo obvio de Alberto Fernández, quien ahora lo enfrenta -¿alguien le dio la orden?- y castiga desde ciertos medios oficiales. Con otro que ofrece batalla Fernández es con Rafael Bielsa: este ex ministro reclama participación, propia o de subalternos, ya que según él le consiguió el triunfo a Cristina en Santa Fe.
Mientras, hay situaciones poco claras: se desechó el decreto que confirmaba a Roberto Baratta como delegado del Estado en Repsol YPF, se supone que esa vacante quedará para alguien más necesario para el gobierno. ¿Están hablando de Guillermo Moreno?
* Informal, amable, reducido (unos 40) el cumpleaños de Alejandro Bulgheroni en el marco mortuorio de Casa Cruz, ese restorán que degustan los depresivos y que cualquier mortal confunde en Palermo con una sala de velatorios. Menú agradable y tradicional, no obstante, música de otros tiempos -los plagiarios Beats que, obviamente, copian a Los Beatles- y sin el hermano ocupado del cumpleañero, renegociando nuevos contratos petroleros en Neuquén y Salta, también esperando vientos favorables en la tierra de los Kirchner donde el visto bueno del matrimonio hasta ahora no es suficiente para una ampliación del convenio.
A falta de hermano, su mujer Bettina Guardia le compensó con Cristiano Rattazzi (hablando de helicópteros, seguramente del formidable último modelo que le vendió a Alejandro), Daniel Scioli y su mujer Karina, Mauricio Macri, Manzano, la Leguizamón, Ernesto Gutiérrez, Juan López Menna, Germán Neuss, el embajador del Uruguay, Francisco Bustillo Bonasso, el médico Ramón Leiguarda, Martín Uriburu y Bruno Quintana, entre otros. Casi todos interesados en saber quién es el periodista rubio que asesora a la señora de Kirchner en materia económica -versión tan difundida como la de Carlos Leyba, elegido tutor intelectual del futuro pacto entre empresas y sindicatos, remedo mejorado se cree de aquella experiencia de los 70- o si es cierto que el gobernador de Chubut, Mario Das Neves, ya se lanzó para suceder a la Presidente electa cuando finalice el mandato. ¿Es verdad que ya organizó un grupo, lo acompaña -entre otros- el senador oficialista Miguel Pichetto en esa alternativa?  
* A Macri lo asediaban con preguntas, sostenía que él había sido leal con Ricardo López Murphy, cuestión en la cual no coinciden muchos. También, en ese plano, imperó la conveniencia: sabía que si dejaba en libertad a los propios, más de uno se inventaba una lista con el sello Pro y se aliaba con Roberto Lavagna (hubo un ofrecimiento en ese sentido a Christian Ritondo). Reconocía Macri que pasa buena parte de su tiempo en la oficina de la calle Alsina, revisando por Internet los antecedentes de aspirantes a ocupar cargos. Admite que el episodio de Luis Rodríguez Felder, quien debió renunciar antes de asumir, le provocó un enorme disgusto. Ni siquiera imaginaba que esa designación, la Secretaría de Cultura, suponía tal demanda de intereses, ya que es brutal la cantidad de mails que le llegan con advertencias: «Estamos en alerta» o «Estamos en vigilia». Para el ingeniero, la cultura se ha vuelto un misterio -ya lo era antes, pero no lo rozaba-, hasta desistió de nombrarlo al ex sushi Hernán Lombardi: temió que las capillas artísticas involucradas se lo bocharan por los medios.
Hubo torta, baile, mucho comentario social sobre el verano en Punta del Este y un chiste de Neuss que se expandió por las mesas. Dice: primer acto, Noé arma el arca con animales que lo miran desde el borde del diluvio; segundo acto: Noé zarpa con su arca y deja a un montón de animales ahogándose en el diluvio. ¿Cómo se llama la obra? El garca de Noé. Entre las risas, el codiciado Scioli era acosado por sus medidas en materia de seguridad. No soltó prenda, pero alguien insinuó que tal vez determine el impulso a una legislación más punitiva con los menores (baja de la imputabilidad, por ejemplo). Un dilema: ¿tiene respaldo esa decisión con el cuerpo de asesores que rodea a Cristina de Kirchner?
•  En Paraguay al 1800 un coqueto petit hotel se convirtió en un retozo vinario para los bodegueros de Norton, hoy controlada por la familia Swarosky, cuya dama principal tuvo su momento de gloria política en tiempos que brillaba para los semanarios del corazón el entorno de Menem. Ahora, el representante es un pariente, Miguel Halstreiz, quien convirtió el lugar en una suerte del pasado Club Parliament, para determinados eventos. En esta ocasión presentó vinos y champagne -alguno con el nombre de la estancia «Mil rosas» en el Sur- y con calificada concurrencia: de Santiago Soldati a Jorge Pereyra de Olazábal, de Gerardo Werthein ( nervioso con la situación de la familia en Telecom y los avances de «Clarín» para instaurar su monopolio de cable) a Graciela Borges, sin olvidar a los Bulgheroni, Alfredo Odorisio y una kirchnerista que burla la consigna oficial de no asistir a ningún tipo de compromiso social, la legisladora Leguizamón.
Parecía un quincho para no figurar (publicidad de una marca), pero interesaron dos datos. Uno, el festival de cine en San Luis, convocatoria que ahora ocupa los afanes de Alberto Rodríguez Saá, quien a pesar de la derrota insiste en candidaturas próximas. Allí, comentaban, irá Catherine Deneuve pero con exigencias varias: poco periodismo y tiempo para disponer en Capital para visitar San Telmo y espectáculos de tango. Hacia el final, creen, podría aterrizar María Grazia Cuccinota, la actriz de «Il Postino» cuyos pechos enloquecieron a cuanto espectador concurrió al biógrafo, especialmente a Diego Maradona y Eduardo Bauzá, al parecer no tan inaccesibles según reveló su carrera posterior y que ahora trata de purificar en la India con ejercicios trascendentalistas. En cambio, en esta convocatoria a veteranas, se supo que no será de la partida Jacqueline Bisset -otra que asombraba por sus pechos y sus ojos-, quien tuvo pretensiones de cachet tan elevadas como si en la Argentina se viviera en euros.  
•  A propósito de damas, comentaban que Macri vive atado por dos mujeres: una, de puertas para adentro, su mujer Malala, instalada en la casa de la calle Ocampo, dispuesta a ejercer como primera dama porteña y, por lo tanto, ordenándole la vida interior; la otra, puertas para afuera, es Gabriela Michetti. Ella no sólo controla los temas de seguridad que vendrán -se ocupará su gran amigo, el ex juez Guillermo Montenegro- sino también las relaciones políticas, sobre todo con Elisa Carrió. A esta dirigente, por ejemplo, le dispensan los nombres de algunos probables funcionarios, de los cuales pronuncia opinión favorable o negativa. Si uno observa, advertirá que es un paso para un vínculo futuro mucho más importante.

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