Los mejores momentos de las "Charlas de Quincho"
* La trastienda del lanzamiento de Cristina K, mesas sindicales y un encuentro paquete del peronismo no oficialista son los escenarios del tradicional espacio de Ámbito Financiero que minutouno.com ofrece, como cada lunes, a sus lectores.
Tampoco faltaron tres gobernadores K, del radicalismo: Gerardo Zamora, Arturo Colombi y Julio Cobos, quien seguramente habrá de moderar sus pretensiones y el lenguaje (¿para qué está el modelo Scioli en escena?) que empezó a utilizar últimamente. Kirchner, aparte de divertirse con el corderito como si fuera un nieto, pronunció una frase en la que nadie creyó: “Tenemos que darles espacio a dirigentes jóvenes. Es lo que yo hice con Peirano”, Miguel, nuevo ministro de Economía. Casi todos sabían, o por lo menos es lo que suponen, que Peirano (conocido por integrar altri tempi una dupla lobbysta de la UIA llamada Abott y Costello, junto a Federico Poli, ahora radicado en España) fue un recurso de último momento, obligado por la deserción inevitable de Felisa Miceli, la no aceptación de Carlos Mosse y el requerimiento no aceptado -se afirma- de Martín Redrado para incorporar más personal técnico a Economía si le tocaba presidir la cartera.
* El de Cristina fue, para muchos, el unipersonal de la semana. En cambio, para otros, el unipersonal de Jorge Asís -en lo que fue el City Hotel ahora convertido y remodelado NH- resultó una atracción más festiva y desopilante, ya que el escritor y presunto candidato a gobernador bonaerense, según el propósito confesado de López Murphy, todavía se entretiene hasta cuando presenta sus propios libros, como el último conocido como “El descascaramiento”. Según revelaba Asís a su platea (Ramón Puerta, el embajador paraguayo, Manuel Cáceres, José María Vernet, Moisés Ikonicoff, Jorge Hugo Herrera Vega, Juan Bautista Yofre, Aníbal Leguizamón), este testimonio -un texto sobre anomalías y “curros” del actual gobierno, según su impresión- será “un homenaje a la honestidad”. ¿Por qué? Porque será minúsculo ante el resto de lo que “vamos a ver”.
Dijo que se iba a París, que remodelará su portal en Internet, y discurseó largamente (más de una hora sobre la situación política) con interrupciones propias que hacían sonreír a los asistentes. Por ejemplo, “el menemismo era un circo de punguistas al lado de este gobierno”. Lo suyo, por supuesto, más artístico que político (al menos, en relación con el acto de Cristina de Kirchner) y con sobredosis que forzaron al propio Puerta a dejar la sala para enhebrar tejidos con Leguizamón sobre el peronismo opositor que, creen, se quedará con el escudo y los símbolos del PJ debido a que el oficialismo lo desprecia. Parece difícil que Cristina y su marido se permitan ese obsequio a los contrincantes, aunque tal vez en su fuero interior piensen que no necesitan de esos recuerdos.
Bergoglio aceptó también los sándwiches, algunos postres caseros, la aglomeración en el local y hasta compartir mesa con varios sindicalistas conocidos de la CGT (Oscar Mangone, Omar Viviani), otros menos conspicuos (Sambeletti, pintura; Murgo, caucho; Cantariño, televisión), algún funcionario de la Ciudad (Luis Liberman), el actor Nito Artaza y el representante cultural de Mauricio Macri, Ignacio Liprandi. A ellos, claro, se sumaba un economista como Luis Secco, diversos artistas plásticos (se exponían obras) y una multitud de cantantes grupales e individuales, hechos, deshechos, nuevos y viejos, como Dany Martin, Billy Cafaro, Jairo, Zamba Quipildor, Raúl Lavié, algunos miembros de Callejeros, José Angel Trelles y José Picchi, también conocido como Néstor Fabián.
Se destacaron en el envío de adhesiones por telegrama Hugo Moyano y otros capitostes de la CGT, celosos seguidores del no menos celoso Kirchner, a quien el cura suele producirle urticaria con sus declaraciones. Como si alguien no entendiera el mensaje peronista de la reunión, a pesar de la amplia convocatoria, hubo que atender un capítulo de la cantata «Eva» (Alberto Favero), interpretada por 14 actores. Casi promiscua la actuación: no había espacio ni para la capitana de los pobres en esa salita abigarrada. Y a Bassi con su palabra, protector del controvertido grupo Callejeros -no precisamente peronista-, al que intenta que no lo procese la Justicia y pueda actuar en Capital o Gran Buenos Aires, no solamente ante gentíos del interior. Para quitarles imputaciones a los jóvenes por el caso Cromañón, el sindicalista se volvió literario o maradoniano. Dijo: «El arte no mata».
Como es de sospechar, en las mesas abundaban recuerdos, etapas grandiosas de seres grandiosos que ya no lo son tanto, figuras que hablaban de discos mientras otros sólo de compacts, al tiempo que se deslizaban anecdotarios maravillosos de la política reciente. Por ejemplo, para convertir quinchos en una sección imprescindible, allí se reveló que en uno de los momentos críticos por la falta de energía, se enfrentaron -siguen enfrentados- los secretarios de Estado Guillermo Moreno y Daniel Cameron. Tan agresiva fue la disputa oral que “Supergas” Moreno, de pronto, como estaba frente a su jerarquía ministerial, Julio De Vido, le reclamó una atención especial: “Me da permiso, ministro, para que lo boxee a este hombre. Pero, como no quiero dañar su cuerpo ni su rostro, ni perjudicar al gobierno con esta querella física, quiero desafiarlo a un lugar reservado y con guantes de boxeo”. Insólito pedido, al menos para De Vido, quien estupefacto movió la cabeza para escuchar la reacción de Cameron. Este, sencillo en su respuesta, replicó: “Mirá, Morenito, no seas boludo: yo no te voy a pelear; te voy a matar”. Y lo miró fijo, como no hace ningún empresario cuando debate con el ex cuidador de precios y ahora esforzado buscador de gas o luz.
En materia de diálogos oficiales y oficiosos, otro gremialista agregó el pasaje sabroso de una conversación: ustedes saben que cuando Alberto Fernández le preguntó a la Picolotti (Romina) por qué había hecho contrataciones a través de una fundación, ésta le replicó: “¿Cómo?, ¿eso no se puede hacer?”. Tanta ingenuidad de la funcionaria -de algún modo hay que calificarla- tuvo, luego, otro comentario añadido: alguien dijo que el hermano, Juan (también cuestionado en la denuncia que el monopolio Clarín no continuó), es un muchacho bullicioso, tanto que debió abandonar el departamento que alquilaba (un buen precio, para no entrar en detalles) en el edificio Le Parc de Puerto Madero (exactamente, se precisó: departamento 4, piso 12), porque los vecinos se rebelaron y le objetaron los ruidos constantes a la madrugada. Y se fue, decían, con la música a otra parte (no ofrecieron paradero) mientras en la mesa se empezó a hablar del gobierno, de las candidaturas, como el resto de los mortales de este país, aunque con más información. El “compañero” Bergoglio se mostró recatado en las opiniones, elusivo; no vaya a pensarse que es realmente lo que anunció Bassi por el micrófono.
La señora Elena (esposa de Mariano Grondona) le dedicó toda la tarde a la cocina. ¿Se imagina uno a ella, tan elegante, en esos menesteres? Tal vez no, pero a la noche los invitados en su casa de Barrio Parque apreciaron la comida que como casera brindó a una docena de invitados: la terrine de champignones inicial, el pollo al chutney con arroz y, por fin, una despampanante torta helada (aunque este postre, se supone, no respondía exactamente a su mano de ama de casa). La gentileza por el servicio, sin embargo, más bien fue protocolar: los asistentes sólo pretendían escuchar o, más exactamente, hacerse escuchar en otros temas.
Tal el caso de Ramón Puerta -acompañado por Marlene (editora de un diario en Misiones)-, quien protagoniza raids mediáticos para instalar su candidatura a presidente, pleito que aún no resolvió dentro del peronismo puro con presencias impuras reunido en San Luis (ese litigio partidario, frente a Jorge Sobisch y Alberto Rodríguez Saá, se resolverá luego de las elecciones provinciales en el Chaco, el 16 de setiembre). O Domingo Cavallo, siempre fiel con Sonia, algo excedido en su físico aunque podría decir que no es la compulsión ansiosa lo que lo obliga a comer. También la “Colorada” Teresa González Fernández, ex de Felipe Solá, sola, aunque con la compañía moral del contingente lavagnista que integra como segunda de Jorge Sarghini, el aspirante a la gobernación bonaerense. Por requisito social, a su lado se instaló otro solitario de la noche de Barrio Norte, Roberto Dvorik, modisto y diseñador, infaltable para quien desee alegrar una velada. No faltaron, tampoco, Jorge Pereyra de Olazábal y su mujer Sarita -dispuesto a ubicar su UCeDé en las filas de Puerta y a promover un programa radial que lanzará esta semana-, ni Sergio Martini y la ex titular de Conciencia María Rosa Segura, más atentos a los pormenores de la cena que a protagonizarla.
Extrañaban a un habitué de estos encuentros, Santiago Soldati, a quien se le murió la suegra y debió llevar sus restos a Finlandia. Dvorik, mientras, castigaba a Grondona y a Pereyra de Olazábal por usar corbatas Hermès, de sedas poco armadas -según él-, con nudos negligés casi siempre, al revés de las que él patrocina (Ralph Lauren). Tal vez le cueste entender que el lazo poco apretado que por costumbre exhibe Grondona es un detalle personal más que un defecto del material. Puerta, mientras, le coqueteaba a la «Colorada» para sumarla a sus por ahora indeterminadas filas proselitistas, aunque todos en la comida sabían que su principal propósito de incorporación femenina es Hilda Chiche Duhalde, con la cual -se entiende- podría agregar un porcentaje de votos bonaerenses imprescindibles para forzar una segunda vuelta en los próximos comicios. Por lo que se sabe, el marido y jefe de la señora, Eduardo Duhalde, no cede la dama, descree de cualquier intento electoral próximo, se refugia en la convicción -bueno, en un cálculo- de que las dificultades serias del oficialismo sobrevendrán en los años venideros y que entonces sí se presentará la oportunidad para participar.
Al contrario, en apariencia, de Cavallo, quien también augura crisis en 2008, pero observa un repentino deterioro del gobierno en los últimos meses -en algún momento mencionó el desastre de las “tres mujeres”, aludiendo a las complicadas en la Justicia Felisa Miceli, Nilda Garré y Romina Picolotti-, capaz de amputar la reelección del matrimonio Kirchner. ”No viajo más, -aseguró-, me quedo en el país para ver lo que ocurre”.
Las mujeres, mientras, se entretuvieron con opiniones sobre el vestuario (copioso, sin duda) de Cristina de Kirchner, el hecho de que en algunos actos aparezca y estreche sus manos con guantes (lo que no se considera un hábito entre los dirigentes políticos), cierta impermeabilidad física de la candidata a los fenómenos de la gravedad (al menos de la cintura para arriba, material que falso o cierto abunda en Internet), al tiempo que preguntaban sobre cuestiones del origen de la familia platense de la primera dama. Más interrogantes que respuestas, aunque hubo una precisión cuando se avanzó sobre quienes le redactan los discursos. Ante la ignorancia, sorprendió una confidencia: parece que ella se encarga de esa tarea -la que, obviamente, debería delegar si un día es presidenta- con materiales que le pide a una de sus colaboradoras u otros que le acerca algún espontáneo de su círculo.
Por fin, lo más interesante: uno de los asistentes contó que, al comienzo de la administración Kirchner, cuando se enfrentó varias veces con su colega chileno Ricardo Lagos, éste decidió convocar a un núcleo de psicólogos de su país para que le trazaran un perfil del mandatario argentino y, de paso, le añadieran una lista de consejos para mejorar un futuro diálogo. Se sostuvo que Lagos asimiló el informe y mejoró su trato con Kirchner. Tras esa confesión, se reclamó el conocimiento de ese informe psicológico allende la Cordillera (cuestión, en apariencia, imposible) y, también, develar el enigma de si Michelle Bachelet seguirá los pasos de su antecesor para consultar expertos en torno a su nueva relación -si es que gana- con la señora Cristina.
Te puede interesar





Dejá tu comentario