Para hacer un buen negocio, no basta con tener buenas ideas

Economía

A todos nos pasó alguna vez que un amigo o conocido nos dijo que tenía una idea de negocio con la cual se iba a salvar para siempre. ¿O no?

La mayoría de las escuelas y cursos de emprendedores arrancan tambien con “la idea”. Parece que una buena idea de negocio, por original o por innovadora, puede garantizar que el negocio prospere. Incluso hay quienes dicen que las ideas valen oro.

Y sin embargo, si se contrasta el lugar de privilegio asignado a la innovación en las ideas con la realidad de quienes hacen buenos negocios, el resultado es que la idea es un recurso sobrevalorado.

La mayoría de las personas que emprenden nuevos negocios y triunfan con ellos no inventan necesariamente algo nuevo, sino que repiten uno que funcionó pero se diferencian en la forma en que se lleva a cabo.

Esto es, para decirlo de una manera más “marketinera” que no importa el “qué” de la idea, sino el “cómo”.

Fernando Trias de Bes, en su “Libro Negro del Emprendedor” dice: “más vale una idea mediocre brillantemente implementada que una idea brillante mediocremente implementada” y agrega “por cada emprendedor que triunfa gracias a la idea feliz encontrará veinte que triunfan gracias a la forma de una idea que ni fu ni fa”.

Creatividad en la implementación, más que en la gestación y perseverancia en la continuidad de la idea, son dos condiciones que no se pueden soslayar y además son infinitamente más efectivas que “la idea salvadora”.

Por más que los amigos insistan en sus ideas geniales, la actitud del emprendedor es considerar siempre que el verdadero valor de una idea consiste en la capacidad de uno para que deje de ser idea.

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