"El último gran golpe": Russell Crowe vuelve con un thriller criminal que recuerda al cine de los 80
El actor protagoniza la nueva película de Derrick Borte junto a Aaron Paul y Luke Evans. Dinero, traiciones y giros en una historia con espíritu de cine a la vieja escuela.
"El último gran golpe": Russell Crowe vuelve con un thriller criminal que recuerda al cine de los 80

Russell Crowe interpreta a Manco Kapak, un inmigrante albanés que lleva años instalado en Los Ángeles y regentea un club nocturno mientras lava dinero para un cartel mexicano. Tiene plata, una vida bastante cómoda junto a Sunny (Teresa Palmer) y un negocio que parece funcionar sin demasiados sobresaltos.
Después de sufrir un ataque cardíaco, Manco empieza a pensar seriamente en vender el club y retirarse. El plan dura poco: un robo pone en peligro dinero que pertenece al cartel y empiezan a aparecer policías corruptos, agentes encubiertos y delincuentes que tienen sus propios intereses.
Aaron Paul, Luke Evans y Nina Dobrev forman parte de ese entramado que se va complicando a medida que “El último gran golpe” avanza. Derrick Borte, que ya había trabajado con Crowe en “Fuera de control”, vuelve a confiar en él para llevar buena parte de la película sobre sus hombros.
Manco no está demasiado lejos de otros tipos duros que Crowe interpretó durante los últimos años. Incluso puede sentirse como un personaje conocido dentro de su filmografía, pero eso no termina siendo un problema: el actor cumple con lo que uno espera de él y resulta entretenido verlo otra vez en ese registro.
Un thriller con espíritu de los 80
“El último gran golpe” tiene algo de esas películas que uno podía encontrarse haciendo zapping durante los años 80. Hay criminales, dinero escondido, policías que no deberían llevar una placa, humor negro y varios personajes tomando malas decisiones mientras intentan salir de un problema que ellos mismos ayudaron a crear.
Tampoco hay demasiada intención de modernizar esa fórmula. La película se siente cómoda con ese tono y hasta abraza algunas situaciones bastante absurdas, empezando por el ataque cardíaco de Manco relacionado con su consumo de Viagra. Borte sabe que hay humor en el personaje y no intenta convertir todo en un drama criminal solemne.
Donde sí exige un poco más de atención es en el guion. Hay varias líneas narrativas funcionando al mismo tiempo y llega un momento en el que nombres, traiciones e intereses empiezan a acumularse. Puede complicarse un poco seguir quién está engañando a quién, aunque los giros terminan siendo efectivos y algunos cambian bastante lo que creíamos saber.
Aaron Paul interpreta a Jeff, un profesor que termina involucrado en el robo a Manco después de ser presionado por un detective corrupto. Luke Evans aparece como un agente del FBI encubierto interesado en comprar el club y, cuando todas esas historias empiezan a mezclarse, la película encuentra varios de sus mejores momentos.
Crowe puede intimidar, putear, negociar con criminales o simplemente mostrarse cansado de tener que resolver problemas cuando lo único que quiere es vender todo e irse. No necesita hacer demasiado para sostener a Manco y probablemente ahí esté parte de la gracia del personaje: conoce este terreno y se mueve con comodidad.
“El último gran golpe” tiene vueltas de más y en algunos momentos se enreda sola, pero me resultó más que entretenida. No me molestó que Manco recuerde a otros personajes de Crowe ni que la película tenga ese aroma a cine de otra época; de hecho, buena parte de lo que disfruté viene justamente de ahí.
Hay algo muy simple en ver a un grupo de personajes alrededor de un montón de dinero mientras cada uno intenta engañar al resto. “El último gran golpe” aprovecha esa fórmula, suma varias vueltas de guion y le entrega el centro de la escena a un Russell Crowe que sigue sintiéndose cómodo haciendo de tipo duro.
“El último gran golpe” ya se encuentra disponible en los cines argentinos.
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