Gerardo Romano se sinceró sobre los temores de vivir con Parkinson: "El teatro fue mi refugio"

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En una charla con Mario Pergolini, el actor rememoró el momento en que le confirmaron el diagnóstico y contó qué fue lo que lo sostuvo para seguir adelante.

Gerardo Romano abrió su intimidad en una entrevista con Mario Pergolini en Otro día perdido, donde habló sin filtros sobre su convivencia con el Parkinson y cómo este diagnóstico modificó su forma de mirar la vida diaria. “Yo entro acá y yo sé si alguno de allá tiene Parkinson, porque uno desarrolla una percepción”, reflexionó el actor, al destacar la sensibilidad que adquirió a partir de su propia experiencia.

En medio de la charla, el conductor fue directo al momento clave y quiso saber cómo había reaccionado al enterarse de la enfermedad: “¿Qué te pasó cuando te enteraste, cuando te dieron el diagnóstico?”. Lejos de esquivar la respuesta, Romano fue sincero: “Y me asusté”. Ante la repregunta sobre el origen de ese temor, no dudó en profundizar: “De morirme”.

Sin embargo, ese miedo inicial no lo detuvo. “Me salvó que a la noche tenía función de teatro. Hacía una obra que se llama Un judío común y corriente, que la hice doce años”, recordó. En ese contexto, el actor se enfrentó a una decisión determinante: “O dejo todo porque tengo Parkinson y me voy a morir. O no lo dejo. Y elegí no”.

Su testimonio deja ver cómo el trabajo y la vocación funcionaron como sostén en un momento de fuerte impacto emocional. Esa misma noche, se subió al escenario en soledad durante más de una hora, encontrando en el compromiso profesional una forma de seguir adelante frente a la incertidumbre.

Al referirse a las manifestaciones de la enfermedad, Romano explicó: “Hay cosas muy cruentas, de convulsión, de temor... temblores. Y cosas suaves como las que ves”. Según señaló, esa variedad de síntomas no solo marca la experiencia personal, sino que también le permite reconocerla en otros.

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En su día a día, el actor mantiene hábitos que lo ayudan a sostenerse tanto física como mentalmente. “Hago natación tres veces por semana, nado un kilómetro cada vez”, contó. También se mueve en bicicleta y ejercita la memoria repasando textos teatrales, incluso sin estar en funciones: “El músculo de la memoria, como cualquier músculo, se trabaja y hacés el esfuerzo mnemotécnico de acordarte de algo. La peleo y va”.

Además, dejó en claro que su motor principal son sus hijos: “Tengo hijos por los cuales debo pelearla”. Con un hijo de 40 años y una hija de 21, Romano encuentra en ellos una motivación constante para seguir luchando.

La conversación también derivó en una reflexión sobre los vínculos familiares y el paso del tiempo. Pergolini planteó: “Yo creo que en un momento uno deja de ser padre, uno deja de ser hijo, ¿no? Van cambiando los roles”. Pero Romano respondió con una pregunta que invitó a pensar: “¿Tenés padre vos?”.

A partir de allí, ambos compartieron miradas sobre cómo se transforman los lazos con los años. “Entiendo que como hijo sí puedo entenderlo con un padre, pero no sé si como padre querés entenderlo con un hijo”, reconoció el conductor, a lo que el actor concluyó: “Lo has sintetizado muy bien”.

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