"La habitación de al lado": Pedro Almodóvar desafía la muerte y profundiza sobre la vida en su nueva película
Con Julianne Moore y Tilda Swinton como protagonistas, el director dirigió su primera película íntegramente en inglés: un análisis profundo sobre el cáncer, la eutanasia y la amistad.

Por distintas cuestiones personales e íntimas, me resulta muy difícil escribir esta reseña sin emocionarme, al igual que me resultó difícil ver "La habitación de al lado", la nueva película de Pedro Almodóvar. A pesar de que no soy fanática de su cine (no niego que sea un buen director, solamente que su cine me parece bastante intenso), con su nuevo largometraje, el cual está completamente hecho en inglés, este creador sensibilizó lo más profundo de mi corazón.
Seguramente, y esto no es algo que digo yo, sino que dicen distintos estudios, alguna vez nos topamos con alguien cercano o conocido que está atravesando un cáncer. A veces más difícil y a veces más leve, pero es cáncer al fin y, más allá de su complejidad, es una enfermedad que siempre genera miedo, tanto para quien lo atraviesa como para su entorno. Pero, si hay algo que le voy a agradecer siempre a Pedro Almodóvar es la forma en la que me enseñó a ver que el cáncer no siempre es el mayor de los problemas de la persona que lo está atravesando.
"La habitación de al lado" es una muestra de la obsesión de Almodóvar con la muerte, pero a través de un nuevo idioma: desafiándola con una obra maestra colorida, revitalizando su gran materia: el drama. En la película, que da inicio a una hermosa historia de amistad, Martha (Tilda Swinton) acaba de recibir malas noticias en el Hospital de Manhattan, su nuevo hogar en donde pasa sus días luchando contra el cáncer. Los médicos le informan que las esperanzas de un nuevo tratamiento para su enfermedad se esfumaron por una metástasis que lo complicó todo. A esto se le suma una agonía lenta y dolorosa que cambia con una visita.
Se trata de Ingrid (Julianne Moore), una amiga de su juventud y quien hoy es una famosa escritora. En sus mejores épocas, ambas eran ardientes y temerarias, disfrutaban de la escritura y aventura. Martha era corresponsal de guerra, mientras que Ingrid comenzó y continúa siendo una novelista con quien actualmente la protagonista puede compartir una nostalgia y una amistad recobrada. Eso sí, hay un punto en común: la muerte. Para Ingrid es el tema de su última novela y para Martha, la realidad que se le avecina.
La historia, más allá de la intensidad con la que está contada y, quizás, me atrevo a decir un poco de morbo, también es una obra digna de la filmografía de Almodóvar. El cineasta es capaz de mantener su marca de identidad y personalidad que lo marcó desde hace casi 40 años de carrera. Es, a pesar de la diferencia en el idioma, actrices y locaciones, una marca clásica de su estilo que se profundiza con cada mensaje a medida que se va desarrollando esta trama.
En especial porque es una forma de soltar el dolor, abrazar la realidad y, también soltar la vida abrazando la muerte. Martha, siempre tan vivaz y audaz, no está dispuesta a morir en una cama del hospital. Quiere, en sus últimos días, mantener la poca dignidad que le queda muriendo dignamente con alguien en "La habitación de al lado", mientras la eutanasia se convierte en su fiel aliada. Con una sinfonía de colores, el fantasma de la muerte ronda a las protagonistas, quienes aprenden a aceptar una enfermedad que las vuelve a unir y a separar al mismo tiempo.
Y, definitivamente, si hay algo que hizo bien Almodóvar (además de hacerme llorar y entender algunos aspectos de la vida), es elegir a Swinton y Moore como protagonistas. Dos actrices fantásticas, que saben de lo que se trata la vida, muestran con una fortaleza sublime cómo es construir una amistad en base al miedo a la pérdida, pero también la compañía. Un tándem perfecto de actuación que le da más realismo a una historia avasallante, sofocante, pero tan profunda como solamente este director podría haberlo hecho. Porque son ellas dos las que, con una personalidad fuera de serie, saben abordar personajes con una intensidad interior que no tiene discusión.
La tremenda paridad entre la vida y la muerte, además del entendimiento del cáncer como algo más que una enfermedad, lleva un proceso que, en tan solo una película, Almodóvar, Swinton y Moore supieron explicar. "La habitación de al lado", a pesar de su morbosidad, intensidad y quizás un poco ácida historia, es una hermosa manera de cerrar ciclos tan difíciles como la pérdida y el miedo a la muerte. Una obra de arte que, a pesar de que Pedro no me enloquece, supo encararla de una manera tan sentimental que sabe llegar al corazón.
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