Los detalles de la fiesta

Espectáculos

*La casona de Bánfield fue testigo de la unión civil y religiosa entre Roberto Sánchez –Sandro- y Olga Garaventa.
*Hasta allí llegaron pocos invitados, la jueza que los casó, el sacerdote que se ocupó de la bendición y un menú sencillo que no pasó de asado, sándwiches de miga y empanadas.

El viernes pasado, Sandro se vistió de impecable blazer azul y pantalón gris, y Olga eligió un tailleur de falda y chaqueta color rosa viejo para recibir, tras el paredón de la mansión que comparten en Banfield, a la jueza de paz Margarita Giménez, ante quien dieron el “Sí, quiero” que les habilitó la libreta roja de matrimonio civil.

Pablo y Manuela, los hijos de Olga, fueron los testigos de la novia. Por parte del novio, Alicia Cuello, la suegra de Sandro, y Roberto Sanz, un amigo íntimo.

El sábado la pareja cumplió con la tradición: el sacerdote Osvaldo Brown bendijo la unión, siempre entre las paredes de la casa del ídolo, y a partir de las 14 fueron llegando los invitados que compartieron un asado que estuvo a cargo de dos barrilleros y un catering encargado por la misma Olga a la confitería Las Vegas, un clásico de la zona, y consistió en sencillas fuentes de empanadas y sándwiches de miga.


La torta de bodas era blanca y estaba decorada con rosas rosas. No podía ser de otra manera.     


El brindis después de la ceremonia –en el que Sandro no probó una gota de alcohol, porque está bajo estricto control médico- siguió con una torta de bodas blanca, decorada con rosas –no podía ser de otra manera- alrededor de la cual se reunieron los pocos y selectos invitados: Raúl Porchetto, Gian Franco Pagliaro, José Ángel Trelles con su esposa, los músicos que acompañaron a Sandro en sus espectáculos y hasta la hija de María Elena, su pareja anterior.


 


A la hora de los regalos, la pareja recibió un increíble arreglo floral de parte del vicepresidente de la Nación, Daniel Scioli, una Virgen de la Santísima Trinidad que le llevó el sacerdote que los casó y un libro de Gianfranco Pagliaro quien bromeó diciendo que no era el kamasutra, porque ése seguramente ya lo tenían.


 


A pesar de que un periodista gráfico se coló en la fiesta, el personal de seguridad lo sacó rápidamente de la mansión: parece que el paredón con que el cantante protege su intimidad tiene tentáculos que se continúan dentro de la casa.


 


 

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