Perdomo hoy, después del ACV
La modelo sufrió un ataque en 2009 que la dejó al borde de la muerte. Su vida hoy, a pleno y casi recuperada.
Verónica Perdomo
Veronica Perdomo
Con flashes de imágenes creadas por su imaginación, como estar parada en el escenario de un gran teatro justo cuando se bajaba el telón, la modelo Verónica Perdomo luchó entre la lucidez y la inconciencia producida por el coma farmacológico al que fue inducida tras sufrir un ataque cerebrovascular.
Pero quedaba muchos obstáculos por superar: una traqueotomía, una complicación en los pulmones y una enfermedad intrahospitalaria llamada púrpura, que no permite la coagulación de la sangre.
Desde la cama del centro médico, Perdomo despertó e increpó a su amiga Soledad, la primera persona a la que vio: “Como pensaba que estaba internada en un neuropsiquiátrico le dije: ‘¡Sacáme ya de acá!’ ¿Por qué dejaste que me trajeran?’. Como no me respondía, me ponía más loca. ¡No me daba cuenta de que no podía hablar!”, recordó.
Las primeras palabras de Perdomo fueron para su padre, Andrés. “Le dije ‘te quiero’ y ‘te amo’. Cuando vino mi papá, se sentó en la cama y me explicó que había tenido un derrame. Me dijo ‘¿Querés saber cómo estabas?’, y me mostró una foto que sacó mientras estaba toda entubada después de la operación. Lo triste es que a los pocos días se murió”, recordó Perdomo.
Por recomendación de los médicos, la familia no le contó de la muerte de su padre en seguida, pero finalmente supo que había fallecido por una trombosis intestinal. “Pero las desgracias no terminaron ahí”, advirtió Perdomo, quien en diciembre de 2010 perdió a su hermano Gabriel, de 30 años, a causa de un paro cardíaco. “Lo encontraron tirado en su departamento”, señaló la morocha, quien estuvo rodeada todo el tiempo por su madre, Norma, sus hermanas, Carina y Cecilia, y su novio, Juan Chapas.
“Tuve que aprender a comer, hablar, leer, escribir, caminar, ¡empezar de nuevo! ¡Durante todo un año estuve con un casco de bicicleta porque no tenía la mitad del cráneo! Creo que me fue tan bien porque nunca tomé conciencia de lo que me había pasado”, relató Perdomo.
Pero sus médicos calificaron su caso como un milagro, ya que en situaciones similares, otros pacientes murieron o quedaron ciegos, sordos o paralíticos. “Si mirás las tomografías, tengo una parte muy grande del cerebro que está muerta”, aseguró Perdomo, quien hoy sonríe a pesar de las desgracias.
“Nunca fui de profesar ninguna religión. Sin embargo, ahora sé que algo hay. No sé bien por qué, pero después de todo lo que viví y pasé, empecé a creer en un ser superior que decide cuándo te morís y cuándo seguís viviendo. Ahora todo tiene otro valor”.
Foto: gentileza revista Gente






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