"Priscilla": una manera inteligente de exponer la violencia de género de un ídolo
"Priscilla", la nueva película de Sofía Coppola basada en la vida de Priscilla Presley llega mañana a los cines. Conocé por qué deberías verla.

Elvis Presley llega a ser una figura de estatura mitológica y meterse con él no es algo fácil. Sin embargo, Sofía Coppola decidió superar todas las expectativas al exponer, de manera inteligente, la violencia de género que este ídolo y mitificado rey del Rock&Roll supo ejercer sobre Priscilla Presley, la madre de su única hija, Lisa Marie. Con la creación de "Priscilla", la nueva película que se estrena mañana en cines, la cineasta construye una biopic que adopta un punto de vista desafiante sin construir la mirada subjetiva de la protagonista.
¿Por qué? Justamente porque "Priscilla" se centra exclusivamente en Priscilla Presley. En esta ocasión Elvis pasa a ser el "miembro del reparto" ya que el foco está puesto en el paso a la adultez, el crecimiento de Priscilla, desde el momento en que en Alemania, con tan solo 14 años conoce a Elvis, hasta su casamiento y separación. Y con esto, también está la necesidad de centrarse en "Elvis & Me", el libro de la ex del rey del Rock que cuenta una historia habitualmente eludida por quienes no pueden escapar del influjo estelar de la gran e indiscutida estrella.
Por acción u omisión, la figura que tiene Elvis en el mundo entero es difícil de verse afectada. Como si se tratara de un Dios, a él todo se le perdona y los ojos suelen dirigirse hacia otro lado cuando se habla de sus, en palabras sencillas y poco agradables, "deslices". Sin embargo, con "Priscilla", Sofía Coppola nos revela esta imagen que pocos conocíamos del ídolo musical. La directora, una vez más, explayó toda su inteligencia cinematográfica para mostrar la violencia de género de la que pocas veces se habló y desmitificó una figura tan alabada. Eso sí, lo hizo de una manera tan audaz como sorprendente.
A pesar de lo que parece, Coppola en su guion no deja a Elvis plasmado como un villano. Si bien la violencia tanto física como mental y económica está vigente, también se revelan sus altibajos mentales y emocionales. Su forma de ver la vida, con la fama de un momento al otro y manipulado, en todo momento, por un padre que, por más que parecía preocupado por su hijo no hacía más que jugar con él y con su entorno. ¿Lo estoy justificando? En absoluto y tampoco lo hizo Sofía en su película.
Sino que, con esto, se refleja una dura historia detrás de otra dura historia. Y así es cómo, aparentemente también lo veía Priscilla Beaulieu quien, de hecho, fue tan sumisa de ese amado Elvis Presley que su apellido la acompañó incluso después de la muerte de él. Con tan sólo 14 años, siendo una adolescente en pleno crecimiento, se encontró con esta figura sobreprotectora y alabada y, a decir verdad, ¿una mente adolescente está en conocimiento de este tipo de agresiones? Pues no, porque Priscilla simplemente queda, en una manera sencilla de describirlo, embelesada por este hombre famoso, bailarín, actor e ídolo del momento.
Sin embargo, lo maravilloso de la película es cómo, de ese tono sombrío que solamente Sofía Coppola podría lograr con la fotografía, donde se ve la incomodidad, la impertinencia profundizada con el paso del tiempo y el mismo miedo de Priscilla, también está el sublime juego fotográfico que se realizó durante el crecimiento mental y emocional de la protagonista cuando decide dejarlo. La directora e hija del inigualable Francis Ford Coppola retrató cada momento duro y estremecedor con ese tono tan apagado que marca el inicio de la película, pero como si de un reinicio se tratara, atrás lo dejó cuando Priscilla consiguió su propia libertad, en especial la mental.
Una vez más Sofía supo realizar una historia de amor hacia las mujeres, las víctimas, pero en especial a esa gran Priscilla Beaulieu quien nunca fue escuchada de una forma tan firme y respetada. Aún así, hay que destacar que más allá del retrato de Coppola en esta historia, también fue efectivamente perfecto gracias a la actuación de una actriz en ascenso como lo es Cailee Spaeny. No solamente por lo físico, donde verdaderamente su imagen me ayudó a adentrarme en ese dolor, en ese cambio radical que Priscilla se vio obligada a hacer, sino también por la actitud y la actuación de ella.
Cailee Spaney captó, de forma verdadera y empática la esencia del sufrimiento. No debe ser fácil retratar a un personaje que todavía está vivo, y menos siendo tan emblemático a nivel histórico como Priscilla Presley. Pero, la brillantez de escapar de lo anecdótico y del morbo que tiene el guion de Sofía Coppola hizo relucir el trabajo de la actriz. Su interpretación es creíble en todos los aspectos, pero aún más en aquellos proceso internos a los que se enfrentó para convertirse de una Beaulieu en una Presley sin precedentes. Su trabajo nada tiene que ver con la vacua imitación, sino que es una comprensión interna del amor, la tristeza, el dolor y el aprendizaje, porque en esta mirada no hay arrepentimiento, sino una mirada introspectiva a lo que la protagonista atravesó en su vida.
Pero, a diferencia de lo que sentí con Cailee y su actuación, pocas cosas me sucedieron con Jacob Elordi en la piel de Elvis. El actor, debo decir, es uno de los mejores del momento y hasta me atrevo a destacar, de su generación. Sin embargo, aún no tiene la capacidad de cautivar interpretando a un personaje tan idolatrado como Elvis. Quizás por el hecho de que en la película no se presenta al cantante como el contendiente o enemigo, afecta aún más a su figura, no lo sé. No obstante, sí puedo decir que su trabajo es poco atractivo, desde lo físico (mucho más alto y flaco que el propio Elvis) hasta lo violento.
No es un retrato agradable del cantante, ni tampoco entretenido porque, verdaderamente, Elordi no consiguió captar la esencia del dolor, del sufrimiento y de la manipulación. La poca credibilidad con la que expresa estos puntos en la vida de la multifacética estrella, la poca soberbia incluso que tiene rompen con la estética tan prometedora de la película. Aún así, un juego inteligente de Coppola fue no poner, a este Elvis, a cantar ni bailar y centrar la historia en la verdadera víctima: Priscilla. Por lo que, más allá del poco entendimiento y lo poco atractivo de Jacob, su papel de reparto es fundamental para entender este "lado B" de una historia con múltiples especulaciones.
"Priscilla" sin dudas es un grito a viva voz de una historia que muchas veces decide olvidarse. Es una terrible y dolorosa historia de amor llena de momentos emocionantes y oscuros que escapa de lo tradicional y es vivaz a la hora de exponer, de forma tan inteligente una violencia que, para aquella época, quizás era exagerada, pero ahora refleja el dolor de una mujer poco comprendida, pero sobre todo escuchada. Además, Sofía Coppola brilla por sí sola con los más bellos recursos formales del séptimo arte desarrollando un lenguaje cinematográfico porcas veces visto con anterioridad. Efectivamente, un trabajo digno de Oscar.
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