Rata Blanca celebró los 35 años de "Magos, espadas y rosas" con un show épico
La banda liderada por Walter Giardino ofreció casi tres horas de show ante un estadio colmado, con 22 canciones y un setlist dominado por el disco homenajeado, que incluyó desde clásicos infaltables hasta rarezas que sorprendieron a los fanáticos.
El miércoles por la noche, el Movistar Arena vibró desde temprano. No era un recital más: Rata Blanca celebraba el 35° aniversario de "Magos, espadas y rosas", el disco que no solo cambió la historia del grupo sino también la del heavy argentino. Y el festejo estuvo a la altura: casi tres horas de show, 22 canciones y un estadio colmado que respondió desde el primer momento.
Media hora pasada las 21, la banda salió a escena con “Hijos de la tempestad”, una de sus tres canciones más recientes y una declaración de principios: aunque el eje emocional de la noche estaba en aquel álbum de 1990, Rata Blanca sigue mostrando producción, energía y presente. Desde allí el setlist fue una montaña rusa cuidadosamente construida: “Sólo para amarte”, “Volviendo a casa”, “El beso de la bruja”, “Talismán” y un “Rock es rock!” explosivo marcaron la primera sección, con la banda integrada, sólida y muy cerca de su mejor nivel.
Pero el corazón del recital estaba en otro lado. "Magos, espadas y rosas" dominó buena parte de la noche: siete de sus nueve temas sonaron en vivo, y no sólo los infaltables. La gente explotó como siempre con “Mujer amante” y vivió un éxtasis colectivo cuando llegó “La leyenda del hada y el mago”, pero también hubo lugar para el asombro cuando Walter Giardino y compañía desempolvaron “Haz tu jugada”, que llevaba seis años sin aparecer en escena y provocó esa reacción especial que sólo conocen quienes van a todos los shows. No fue el único momento de fan service: también se destacaron versiones especialmente intensas de “Guerrero del arco iris”, “El círculo de fuego” y una enorme “Aún estás en mis sueños”, a la hora de hablar del resto del repertorio.
En lo técnico, la banda también jugó de local: por primera vez en este estadio, el grupo aprovechó al máximo las posibilidades del lugar. Sobre los músicos, un trabajo de luces preciso y efectivo reforzó el dramatismo de cada pasaje; detrás, una pantalla gigante combinaba animaciones con imágenes del escenario tratadas en tiempo real, siempre con sentido y coherencia estética según la canción que sonara.
Con tantísima música, hubo poco espacio para las palabras. La excepción llegó cerca del final, cuando Giardino tomó el micrófono para agradecer, visiblemente emocionado. Y no era para menos: hay una comunión muy clara entre la propuesta del guitarrista, Adrián Barilari y el resto del grupo, y el público que los sigue. En tiempos de inmediatez y conciertos acelerados, Rata Blanca permite que cada canción se estire lo que tenga que estirarse, que los solos surjan cuando tienen que surgir y que el vivo mande por encima de cualquier planificación. En otras etapas de gira –y en venues más chicos– eso se paga con setlists reducidos que empiezan en 12/14 canciones. En este show, sobró de todo: repertorio, energía e historia.
“El último ataque” terminó dándole un cierre perfecto a una noche que parecía haber concluido ya con “La leyenda del hada y el mago”. Pero un concierto que celebraba por primera vez este disco en este estadio merecía algo más. Y ese “algo más” llegó en el momento justo, a modo de guiño, regalo y reafirmación: 35 años después, Rata Blanca sigue siendo exactamente lo que ese disco prometía. Y su público también.
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