¡Trenes, eran los de antes!

*¿Cómo era viajar a Constitución en la belle epoque? Se cumplían los horarios, había tres servicios diferentes y se demoraba igual que ahora.
*Había asientos de cuero en primera y con listones de madera en segunda; cada formación tenía un vagón comedor y hasta había baños.

“La gente que viaja en tren hoy viaja mal y ya no cuida nada, le da rabia de viajar así como viaja”, quien opina ya no es usuario del ferrocarril, pero lo fue. Por eso, el hombre, de 80 años, comerciante, fue consultado por minutouno.com para saber si podría aportar su memoria para que pudiéramos saber cómo eran los trenes cuándo los tomaba para ir de La Plata a Plátanos, a ver alguna novia, o a Avellaneda, para ir a trabajar en hilados Dupont. También Roberto, de 76, prestó sus recuerdos para esta nota, sorprendidos ambos en un antiguo club de City Bell, donde se habla de fútbol, se toma un trago y se juega a las cartas.

¿Cómo era viajar de La Plata a Constitución en los mejores años del tren? Cuando el tren era el medio de transporte más importante para unir a la capital de la Provincia con la Federal y con autos que ya eran buenos, pero necesitaban de mejores caminos para poder pasar a ser la preferencia de los viajeros de las clases más acomodadas. Otras épocas, que bien podrían ser recordadas como la belle epoque.

“Había dos clases, un vagón comedor y hasta baños”, recordó Roberto, que retrocedió hasta su adolescencia para rememorar las primeras excursiones sin padre, madre y hermanos, su primer trabajo y las idas y vueltas de La Plata a Buenos Aires.

“La diferencia entre primera y segunda era la comodidad de los asientos. Que eran de cuero y estaban separados en el medio si eran de primera, mientras que eran de listones de madera los que se usaban en segunda”, explicó. Y recordó “no eran malos, sólo que los otros eran mejores”.

Llamado a rememorar lo que pudiera considerar como los mejores años del tren, José contó que hace 50 años “los horarios se cumplían. Si te decían a las 8.20, salía a las 8.20, siempre se viajaba sentado y, como las estaciones eran más nuevas, estaban mucho mejor que ahora”.

Entre tres servicios podían optar los usuarios. “Había trenes rápidos, directos; semi rápidos con paradas intermedias en Quilmes y Berazategui; y los que paraban en todas las estaciones”, recordó el hombre.

Aquellos trenes tenían vagón comedor que era atendido por un mozo, por lo que las personas más acomodadas que necesitaban viajar de una ciudad a otra podían desayunar, almorzar, merendar y hasta cenar durante un viaje que, duraba lo mismo que dura ahora.

“Mucha gente que subía en La Plata ya había desayunado para cuando bajaba en Constitución, aunque en el vagón comedor viajaba gente importante, no iba todo el mundo”, recordó Roberto.

En aquella época, además de salón comedor, los trenes tenían baños. “Era una tranquilidad para quien pudiera tener una urgencia”, recordó el hombre con una carcajada. Para mirar luego un poco más allá y un poco más acá, como para ver si podía trazar en el aire alguna comparación: todos los vagones tenían sus vidrios y las ventanas subían y bajaban. Los guardas tenían sus trajes de verano y sus trajes de invierno, con sus gorras, bien prolijos, con sus maquinitas que te marcaban los boletos. Aparte, en aquel tiempo no había tanta gente para viajar”.

En aquella época sin tanta gente para viajar, los usuarios de los trenes “venían leyendo el diario, la revista, tranquilos, muchos venían jugando a las cartas, y pese a que había dos clases, la diferencia no molestaba”, contó José.

¿Y cuándo fue que cambió la cosa, como para que el tiempo que se demora para ir de una ciudad a otra siga siendo exactamente el mismo que hace más de 50 años, que los trenes recordados con tanto cariño terminaran por transformarse en lo que hoy son?.

“Un poco puede ser la gente. Cuando vino tanta gente cambió todo. Los radicales lo llamaron el aluvión zoológico cuando miles de trabajadores llegaron del interior al conurbano en busca de un trabajo”, recordó Roberto; pero José, de acuerdo pero disconforme, intentó profundizar en otras razones.

“Los trenes funcionaron bien hasta que hubo micros. Los autos ya eran buenos desde la década del 30 y los del 40 andaban fenómeno, pero recién cuando asfaltaron el Camino Centenario”, intervino José, quien no está tan errado con las fechas, según pudo averiguar minutouno.com.

Los primeros micros del “Expreso Buenos Aires” comenzaron a circular en 1935, y tuvieron buena aceptación, sin embargo, el recorrido aún era por el Camino General Belgrano, de Puente Pueyrredón a La Plata. Fue entre los años 1944 y 1945 que contó con un ramal que pasaría por el Balneario de Quilmes y Punta Lara.

“Tiene que haber sido un poco de todo. El cambio de las rutas, la aparición de los autos y los micros. La gente pudiente se iba en auto, le sacaron gente al tren cuando se pavimentó el Camino Centenario, porque los autos del 40 ya eran muy buenos.

Los hombres coinciden en que a la gente más pobre se la cuidó menos. Y después, en que “creció el volumen de gente de manera tremenda, tanto que los pasajeros empezaron a viajar parados. Era cuando decían que había llegado el aluvión zoológico, pero el servicio no se había deteriorado hasta que dejaron de viajar los que iban en primera clase. Hasta entonces se lo había cuidado”.

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