Decisiones de compra: ¿conviene el descuento alto o la financiación baja?

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Tras el fin de "Cuota Simple" y la vigencia de las Cuotas MiPyME, el mercado comenzó a ofrecer alternativas.

El programa Cuota Simple llegó a su fin, una herramienta de financiamiento al consumo que permitía a los usuarios comprar productos y servicios en 3 o 6 cuotas con tarjeta de crédito y con una tasa subsidiada. El objetivo del programa fue sostener el consumo en un contexto de inflación, brindando opciones accesibles para adquirir bienes sin tener que abonarlos de contado.

A partir de este mes de julio, entra en vigencia un nuevo esquema: Cuotas MiPyME, impulsado por la CAME junto a la empresa Payway. Este nuevo plan mantendrá el esquema de pagos en 3 y 6 cuotas y cubrirá los mismos rubros que el programa saliente, pero aún no se ha comunicado oficialmente la tasa de interés, más allá de que será "promocional".

Descuentos VS. financiación

La pregunta que naturalmente surge, entonces, es: ¿Qué conviene más, aprovechar un descuento del 30% aunque la tasa sea más alta, o pagar el precio total financiado en cuotas con una tasa más baja?

Si una persona desea comprar una campera cuyo valor es de $150.000. Las opciones disponibles pueden variar según el comercio y la tarjeta, pero tomaremos cuatro escenarios representativos con distintos esquemas de financiamiento:

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En el escenario A el precio financiado parte de un valor con 30% de descuento ($105.000), pero se aplica una tasa muy elevada (168% TEA y un CFT del 225%). El total a pagar en 3 cuotas termina siendo $127.382, lo que representa un 21% más respecto al valor con descuento. Es decir, se paga un recargo por financiar, pero aun así se termina pagando menos que los $150.000 originales que se abonarían si no hubiera descuento.

Sin embargo, el análisis no puede detenerse ahí: cuando el plazo se extiende o si el descuento es menor, el efecto del costo financiero cobra mayor peso y puede revertir esa conveniencia.

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En el mismo escenario A, pero en 6 cuotas, el total pagado asciende a $142.907, lo que representa un incremento del 36% respecto al valor descontado de $105.000. Aun así, sigue siendo menor que el precio pleno de $150.000, aunque por un margen mucho más estrecho que en el caso de 3 cuotas.

En los otros escenarios, especialmente en el D, con tasas del orden del 100%, el costo financiero se vuelve más difícil de amortiguar, incluso cuando se aplica un descuento inicial. En esos casos, el beneficio del descuento empieza a diluirse rápidamente por efecto de la tasa, y se acerca o incluso supera el precio sin descuento, dependiendo del plazo.

Este análisis ilustra que no hay una respuesta única: la conveniencia depende de la relación entre el descuento aplicado y la tasa efectiva del financiamiento.

Cuota Simple ofrecía un esquema claro y predecible, con tasas efectivas anuales en torno al 54,8% (TEA) y un Costo Financiero Total que oscilaba entre 50% y 59%, dependiendo de si se elegía 3 o 6 cuotas. La posibilidad de acceder a este financiamiento con tarjetas bancarias le dio una amplia capilaridad, sobre todo en comercios minoristas.

En este punto es clave entender tres conceptos económicos que vuelven especialmente relevante la elección del crédito: el riesgo de desincronización, el error de expectativas y la pérdida del subsidio inflacionario.

Durante períodos de alta inflación, financiarse en cuotas puede resultar conveniente: la inflación "licúa" la deuda, es decir, el valor real de las cuotas disminuye con el tiempo si los precios y los salarios aumentan. Este fue el subsidio inflacionario que caracterizó buena parte del consumo en cuotas en los últimos años.

Pero si la inflación comienza a ceder, como está ocurriendo, y los ingresos no acompañan con igual dinamismo, el peso real de las cuotas se hace más evidente. Si alguien tomó un crédito a una tasa elevada bajo la suposición de que su salario seguiría creciendo al 10% mensual, pero eso no ocurre, la carga de la deuda se vuelve regresiva: hay un error de expectativas y un riesgo de sobreendeudamiento.

La mora estimada para tarjetas de crédito en junio de 2025 alcanza el 3,7%, con una tendencia de leve suba. En el segmento total de crédito al consumo, el dato es aún más alto: 4,3%, lo cual refleja un endurecimiento de la situación financiera de los hogares.

Por eso, más allá del atractivo de un descuento puntual, lo importante es evitar tomar créditos con tasas que se vuelvan impagables si el contexto económico cambia.

En contextos volátiles, lo que hoy parece barato puede salir caro mañana. Una tasa baja da previsibilidad, mejora la planificación financiera y minimiza el riesgo de desincronización. A medida que se consolida un escenario de desinflación, el crédito deja de ser subsidiado por la inflación y empieza a pesar en el bolsillo real del consumidor.

Por eso, ante la pregunta de qué conviene más, la respuesta es clara: una tasa baja empodera mucho más que cualquier descuento.

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