A 40 años de su muerte, se termina la maldición del Che
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Por EFE
Poco después, Honorato Rojas, el campesino boliviano que delató a la guerrilla de Guevara, fue asesinado por un grupo armado.
A principios de los años 80, Gary Prado, el capitán que capturó al Che, sufrió la herida de una "bala amiga", al parecer disparada fortuitamente por uno de sus soldados, que le perforó los pulmones y le dejó paralítico.
El teniente coronel Andrés Selich, uno de los militares bolivianos que se entrevistó con el Che durante la noche que estuvo detenido en la escuela de La Higuera, antes de ser ejecutado, fue asesinado cuando fraguaba un golpe de Estado en su país.
Como Roberto Quintanilla, el jefe de la inteligencia del Ministerio del Interior que estuvo presente cuando amputaron las manos del cadáver de Guevara, que fue asesinado años después por una guerrillera.
La "maldición" superó las fronteras bolivianas. Félix Rodríguez, un agente de la CIA que identificó al Che en Bolivia, comenzó a padecer asma -la enfermedad que marcó la vida del guerrillero argentino desde su infancia- tras regresar a Estados Unidos.
A la vista de esta cadena de siniestros, no es de extrañar que, como relata Paco Ignacio Taibo, los campesinos de Cochabamba se encomienden al "almita del Che" cuando las cosas se tuercen.
Pero, paradojas de la historia, no todo ha sido venganza en la leyenda de la maldición del Che. El hombre que le disparó, Mario Terán, entonces sargento del ejército boliviano, quedó casi ciego en su vejez y recuperó la vista recientemente gracias a los médicos cubanos que trabajan en la Operación Milagro en Bolivia.
La noticia se destapó porque el hijo de Terán pidió al periódico "El Deber", de la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra que publicara una nota de agradecimiento a los profesionales cubanos, que obraron "un verdadero milagro" al devolver la vista a su padre.
¿Terminará así la leyenda de la maldición del Che?
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