Afiebrados por el oro en la selva

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*En el Amazonas, miles de desesperados llegan con la esperanza de hacerse ricos de un día para el otro.
*Ya intervino el gobierno de Lula y la Policía inspecciona locales de venta clandestinos.

AP
Por AP
Desde diciembre último, miles de buscadores de fortuna han llegado al Edorado do Juma con la esperanza de encontrar oro en el estado brasileño de Amazonas, en medio de la selval. En bote cargado de mineros, se arriesgan en atravesar velozmente paredes de la espesa selva, hacia la orilla del río Juma.

Sobre los fangosos bancos de la orilla, aparece envuelta en humo una ciudad de hangares de plástico negro circundada de excavaciones recientes, árboles talados y creciente miseria.

Los bárbaros espacios son como los pintados en la novela La Casa Verde de Mario Vargas Llosa, en la que se describen a los contrabandistas de caucho, en la selva peruana, cerca de la frontera con Brasil.

Atraídos por un aviso colocado en la internet por un profesor de matemáticas que describió a mineros llenándose los bolsillos de miles de dólares por el oro, de 3.000 a 10.000 personas han talado enormes árboles, desviado corrientes de ríos y cavado profundas minas en un área que hasta hace poco meses era una selva virgen.

Cientos de hombres cubiertos de lodo y armados con picos y palas trabajan en la tierra marrón, roja y gris, marcando sus pequeños lotes con ramas de los árboles y alambre. Otros lanzan el barro en un desagüe de madera donde el agua lava los sedimentos.

El Amazonas no veía una fiebre de oro como esta desde comienzos de los '80 del siglo XX, cuando decenas de miles de brasileños transformaron la montaña conocida como Serra Pelada en un profundo cráter en la tierra de la selva.

Serra Pelada fue en Brasil el más conocido y lucrativo ''garimpo'' (mina rudimentaria), y es la referencia para todos aquí. Atrajo a un vasto ejército de buscadores desde todas partes de Brasil y produjo miles de kilos de oro antes de ser cerrada a comienzos de los '90.

Es lo que los mineros aquí sueñan, intercambiando historias de personas que se hicieron ricas de un día para otro al encontrar piedras de hasta 26 kilos de oro.

Hay quienes dicen que lograron sacar medio kilo de oro en un solo día la semana pasada, sumando en total dos kilos, valorados en unos 40.000 reales (US$19.000), desde que llegó aquí hace 17 días.

Otros no son tan afortunados. Por cierto, ya hay demasiada gente que busca tan poco oro. Varía enormemente el número estimado de mineros, prostitutas y comerciantes en esta barriada de la jungla, donde el olor a carne quemada y madera se mezcla con el hedor de una cañería abierta. Sin embargo, es notable que no hay suficiente espacio para todos los buscadores en los ocho principales locales de búsqueda del garimpo.

El regateo de precios y la malaria reinan en esta ciudad, donde ya existen bares, restaurantes, barberías, panaderías y tiendas de joyas, la mayor parte de esos locales hechos con los árboles talados. Se construye un hotel de 16 habitaciones al otro lado del río.

Las tiendas de equipos hacen buenos negocios vendiendo bandejas y hachas; las sierras se venden a 20 gramos de oro o más. La Policía Federal brasileña llegó el mes pasado para cerrar negocios ilegales, haciendo más difícil el sueño de hacerse rico rápidamente.

Agentes con armas automáticas ahora imponen un toque de queda a partir de las 10 de la noche, y a la medianoche los viernes y sábados. Geólogos del gobierno intentar determinar cuánto oro existe en la zona.

También están aquí las autoridades ambientales, intentando evitar que los mineros usen equipos pesados o mercurio, el único metal líquido y que sirve para unir las pequeñas partículas de oro, pero que también es altamente tóxico y contamina por años las aguas de ríos.

Una pequeña industria de conductores de camiones y propietarios de botes conducen a los mineros a lo largo de la franja de 78 kilómetros de viaje a Apui, el poblado más cercano, donde bandas al vivo se presentan el fin de semana, mientras las tiendas de compra de oro florecieron de dos a 10 en las últimas dos semanas.

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