Cayó por error del piloto

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Los investigadores descubrieron que la tripulación no tenía la formación adecuada para operar la nave en forma manual.

EFE
Por EFE

Los investigadores de la tragedia del avión de Air France que en 2009 se estrelló en el océano Atlántico cunado volaba de Río de Janeiro a París determinaron que un error del piloto fue el causante del accidente, debido a que no contaba con la formación adecuada para responder de forma manual al incidente.



Según las conclusiones preliminares presentadas este viernes por la Oficina de Investigación y Análisis (BEA), los miembros de la tripulación del AF447 tomaron decisiones erróneas ante el incidente técnico que detuvo el piloto automático de la aeronave, una hora y media después del despegue.



Los pilotos no respetaron los procedimientos previstos en esas circunstancias y, con sus acciones, provocaron la pérdida del control del avión y que se situara en caída libre hasta estrellarse contra el mar, precisaron los expertos tras el análisis de las cajas negras recuperadas en mayo pasado.

Según la secuencia de acontecimientos, las sondas de medición de velocidad sufrieron un problema técnico derivado del hielo, lo que provocó que se apagara el piloto automático.

Una situación que no era nueva y que podía ser afrontada por los pilotos siguiendo determinados protocolos, según se desprende de las conclusiones.

Pero el copiloto, de 32 años, que en ese momento dirigía el aparato porque el comandante estaba en su descanso reglamentario, tomó una decisión que los investigadores no se explican: inclinó el avión más de diez grados, frente a los cinco que indican los procedimientos reglamentarios.

"Ninguno de los dos copilotos había sido formado para pilotear un avión de forma manual a gran altura", indicó el responsable de la investigación, Alain Bouillard.

El comandante, más experimentado, tampoco pudo controlar el avión cuando llegó al puesto de mando un minuto y medio después de que comenzara el incidente.

"Su formación para este tipo de eventos había sido muy corta y databa de hacía mucho tiempo", agregó Bouillard, quien precisó que, además, tuvo que analizar en un corto espacio de tiempo informaciones contradictorias.

Cuando el comandante regresó a la cabina, la alarma de caída libre se desconectó porque el ordenador del avión registró que el aparato volaba, pese a que su inclinación era excesiva y seguía perdiendo altura.

"Es algo normal, no es que la alarma funcionara deficientemente", aclaró Bouillard.

Esa fue la segunda incidencia a la que no supieron hacer frente los miembros de la tripulación, indicaron los investigadores.

La alarma de caída libre volvió a encenderse, lo que debió llevar a los pilotos a reducir la inclinación del avión pero no lo hicieron.

"¿Por qué no hicieron caso a esa alarma? Eso es lo que hay que determinar a partir de ahora", señaló el director del BEA, Jean-Paul Troadec.

Para ello, crearán una comisión de factor humano, formada por profesionales de diferentes disciplinas y destinada a conocer las condiciones en las que se produce la respuesta de los pilotos.

La alarma de caída libre es la más importante y la más sonora que se escucha en la cabina y se encendió en tres ocasiones, pero los pilotos no aplicaron los procedimientos previstos, por lo que el avión continuó con una inclinación muy elevada, de hasta 40 grados en algún momento, lo que hizo que prosiguiera la caída libre.

Air France, propietaria del avión y responsable de la formación de los pilotos, reaccionó asegurando que "nada permite por el momento cuestionar las competencias técnicas de la tripulación".

La aerolínea, que junto con el constructor del aparato, Airbus, está procesada por homicidio involuntario, apuntó que fue el funcionamiento irregular de la alarma de caída libre, "en contradicción con el estado del avión" lo que contribuyó a "dificultar a los pilotos el análisis de la situación".

Tanto Air France como Airbus deberán esperar para conocer las responsabilidades que fija la justicia sobre el accidente.

Para ello, será preciso también aguardar al informe final del BEA sobre las circunstancias del mismo, un trabajo "todavía difícil y larga", en palabras de Troadec, quien señaló que no habrá conclusiones definitivas hasta la segunda mitad del año próximo.

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