La Casa Blanca zafa del "escrache del cabaret"

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*La dueña del prostíbulo acusada de manejar una red de prostitución en Estados Unidos, y que hace unos días dijo tener el nombre de 10 mil clientes empresarios, militares y funcionarios del gobierno de George Bush, finalmente habló.
*Si bien aparecieron como consumidores de este negocio grandes empresarios, funcionarios de la NASA y al menos cinco oficiales del Ejército, no había miembros del Congreso ni funcionarios de la Casa Blanca en las listas.

AP
Por AP
El 2 de mayo fue el día en que funcionarios del gobierno del presidente norteamericano George Bush temblaron de verdad. Una lista con 10 mil nombres, entre los que aparecen militares y empresarios, además de personajes políticos, todos sospechados de haber contratado los servicios de una empresa de prostitución, podía saltar a la luz en cualquier momento porque la dueña del prostíbulo donde se habría operado el negocio amenazaba con dar nombres. La mujer finalmente habló y dio detalles sobre su presunto negocio ilegal, pero sin identificar a clientes de renombre o que puedan influir en la política de Estados Unidos.

Deborah Jeane Palfrey proporcionó a la cadena ABC un legajo de 23 kilos, con registros telefónicos pertenecientes a su servicio de acompañantes Pamela Martin and Associates, con la esperanza de que su investigación pusiera al descubierto a varios clientes, quienes testificarían que no tuvieron relaciones sexuales con las empleadas de la acusada.

''No eran una cualquiera, sino mujeres muy bonitas que sólo necesitaban ganar unos dólares más'', dijo Palfrey,     

Algunos registros telefónicos pudieron ser rastreados hasta prominentes ejecutivos empresariales, funcionarios de la NASA, al menos cinco oficiales militares y mansiones en vecindarios exclusivos, de acuerdo con el reporte de la ABC. Pero no había miembros del Congreso ni funcionarios de la Casa Blanca, según el seguimiento de los contactos telefónicos de Palfrey, informó la cadena.

Palfrey, de 51 años y residente en Vallejo, California, está acusada ante un tribunal federal de extorsión y ''lavado'' de dinero proveniente de la prostitución. La acusada señala que administraba la empresa desde la lavandería de su casa y que las mujeres que trabajaban para ella firmaron contratos en los que prometieron no tener sexo con los clientes.

''No eran una cualquiera, sino mujeres muy bonitas que sólo necesitaban ganar unos dólares más'', dijo Palfrey, quien identificó a una de sus acompañantes, ex profesora universitaria que se suicidó después de ser acusada de prostitución. En la entrevista Palfrey sostuvo que su negocio era legal. ''Yo vendía una fantasía sexual'', dijo.

Quizás, el cliente más prominente del negocio era el funcionario del Departamento de Estado, Randall Tobias, quien renunció a su cargo la semana pasada, luego que la ABC le preguntara si había recurrido al servicio.

Tobias, que dijo que recibió masajes pero negó haber tenido relaciones sexuales con las acompañantes, dirigió los programas internacionales del gobierno federal para la atención del sida, que promueven la abstinencia y requieren que quienes reciben ayuda firmen un documento en el que se oponen a la prostitución.

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