Las perlas reales de una boda soñada
La inadecuada conducta de los nenes, los errores de protocolo, las palabras de Guillermo, los pifios de los caballos, los besos de los recién casados y más.
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Por EFE
Detrás de ellos, 1.900 invitados, entre miembros de la realeza, jefes de Estado y de Gobierno y personajes famosos, además de una audiencia televisiva estimada de 2.000 millones de personas.
Tras el preceptivo "sí, quiero", Guillermo tuvo algunos problemas para poner la alianza en el dedo anular de la mano izquierda de su esposa, y hubo de insistir y apretar durante unos instantes para colocar en su sitio el anillo de oro, un regalo de la reina.
Los asistentes mostraron en todo momento un gesto serio y formal, con la excepción de la prima hermana de Guillermo, Zara Phillips, y su prometido, el jugador de rugby Mike Tindall, que se mostraron relajados y riéndose durante el intervalo en que los recién casados y sus testigos acudieron a firmar en el registro de la abadía.
A la salida del templo, el príncipe tuvo algunos problemas para subir a la carroza tirada por caballos que llevó a la pareja hasta el palacio de Buckingham, en un recorrido por el centro de Londres.
La carroza dio la impresión de que podía volcar en el momento en que Guillermo puso pie en el estribo para subirse.
Ya camino de palacio, uno de los jinetes de la guardia real que escoltaron al matrimonio se cayó de su montura, afortunadamente sin consecuencias serias para el soldado.
Los que vieron el cortejo nupcial en directo y los cientos de millones que lo siguieron a través de televisión vieron a un caballo adelantar a la carroza real y salirse de la ruta marcada.
El caballo negro tiró a su jinete poco después de la salida de la abadía de Westminster y galopó por delante del cortejo oficial cuando pasaba por delante de Downing Street, la calle donde tiene la residencia oficial el primer ministro británico.
El momento que más se dejó a la improvisación fue el de la salida de los recién casados y sus familias al balcón principal del palacio de Buckingham, frente al que esperaban decenas de miles de personas.
Catalina se mostró impresionada y dejó escapar un "oh, my (God)", una expresión de asombro traducible como "Dios mío".
Como todo el mundo esperaba y deseaba, Guillermo y Catalina se besaron tras unos breves saludos y una vez que los familiares más directos les acompañaron en el balcón.
Ante el júbilo de los miles de personas que se concentraron en la gran plaza frente al palacio y en sus alrededores, Guillermo tomó la iniciativa y besó brevemente a Catalina.
Se puede decir que en ese momento habían cumplido, pero la gran sorpresa fue que hubo una segunda demostración de afecto, lo que será interpretado por muchos como una prueba más de que este es un matrimonio entre dos personas realmente enamoradas.
El segundo beso se produjo bajo el sobrevuelo de la escuadrilla aérea que conmemoró la boda con una exhibición sobre Londres, con aviones militares de la II Guerra Mundial y cazas modernos.
En total fueron cinco minutos de baño de masas desde el balcón, tras lo cual, agarrados de la mano, Guillermo y Catalina volvieron a entrar en el palacio, donde la reina Isabel ofreció un bufé almuerzo a 650 de los 1.900 invitados a la boda.





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