Los "indignados", firmes

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Las protestas que reclaman una "democracia real" siguen en todo el país. El gobierno no desalojará los acampes en las diferentes plazas.

Miles de personas "indignadas" continúan concentradas en Madrid y otras muchas ciudades de España, pese a haber sido declaradas ilegales esas manifestaciones.

Las protestas que reclaman una "democracia real" siguen en todo el país, después de que el Gobierno optara por no desalojar a los manifestantes en las plazas, tras la decisión de la Junta Electoral Central (JEC) de prohibir las concentraciones durante el fin de semana por su posible influjo en los comicios de este domingo.


 




La Policía se limitó a comunicar a las organizaciones convocantes que las manifestaciones no tienen autorización oficial, pero no las disolverá porque la falta de permiso no es motivo suficiente en virtud de las legislaciones española y europea.

Así, los concentrados -jóvenes la mayoría- y las personas que pretendan sumarse a las protestas del llamado "Movimiento 15-M" son informados de las sanciones a las que se exponen, previstas en la Ley Electoral y en la Ley de Seguridad Ciudadana.

El vicepresidente primero del Gobierno y ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, se reunió con la cúpula de las Fuerzas de Seguridad y constató el discurrir pacífico de las concentraciones, informaron fuentes del Ministerio de Interior.

En ese contexto, los "indignados", cada vez más organizados, continuaron sus protestas sin incidentes en las principales capitales, especialmente en Madrid, donde se evitaron las consignas políticas que puedan afectar al día de reflexión.




Las plazas de las principales ciudades, sobretodo la madrileña Puerta del Sol, escucharon los tradicionales gritos de "¡"No nos vamos"!, al tiempo que asisten a un ambiente en general tranquilo y acompañado en algunos casos de músicos espontáneos e independientes.

En la emblemática Plaza de Sol, donde unas 24.000 personas se concentraron este viernes, los acampados mejoraron su organización y se definen como una Ciudad-Estado, autogestionada por una asamblea con capacidad vinculante y vocación de permanencia, dispuesta a pervivir más allá del 22 de mayo, según uno de sus portavoces.

Juan López, uno de los portavoces de la acampada, dijo que los concentrados en esta mini-ciudad se enmarcan en un movimiento ciudadano, apartidista, heterogéneo, con todo tipo de ideologías políticas y edades que no se rige por "leyes" sino por normas de convivencia votadas y consensuadas en la asamblea.

No obstante, los comerciantes de la Puerta del Sol se declararon "desesperados" por la acampada de "indignados" que, pese atraer a miles de curiosos, "espantó" a compradores hasta el punto de que sus ventas bajaron en más de un 50 por ciento.

En Barcelona, segunda ciudad del país, numerosas familias con niños, turistas y grupos de excursionistas visitaron hoy a los descontentos congregados la Plaza de Cataluña, donde se recogieron los sacos, mantas y cartones utilizados para pasar la noche.

La plaza barcelonesa, que acogió unas 8.000 personas al iniciarse anoche la jornada de reflexión, volvió a tornarse en un ágora donde se prodigan los debates sobre la indignación contra los políticos, la corrupción, el poder económico y los bancos.

Los ecos del descontento se escucharon también en otras ciudades españolas, como Valencia, donde parte de las más de mil personas concentradas en la Plaza del Ayuntamiento rodearon ese edificio en una cadena humana de ciudadanos "indignados".

Similares estampas se vieron en otras ciudades como Zaragoza (norte) o Sevilla (sur), donde portavoces del "Movimiento 15-M" subrayaron que no tienen "intención de hablar de votos ni de nada que distraiga" el día de reflexión, pero sí invitaron a los ciudadanos de "todas las ideologías" a oír sus reivindicaciones.

Las movilizaciones empezaron el pasado 15 de mayo (de ahí el nombre de "Movimiento 15-M") en la Puerta del Sol de Madrid y en otras ciudades españolas.

Los miles de jóvenes y simpatizantes del movimiento demandan básicamente una regeneración democrática y un cambio del sistema que ha conducido a la grave crisis económica que vive España, donde el desempleo supera el 40 por ciento entre los menores de 25 años.

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