¿Qué espera Francisco de Asia?

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Por Federico Wals @federicowals

El sueño de Jorge Mario Bergoglio de a poco se está haciendo realidad. Después de cinco décadas de espera, se acercará por primera vez a China, a ese deseo que siendo joven sus superiores no le dejaron cumplir a causa de su operación pulmonar. Esta oportunidad de visitar Corea del Sur es para Francisco la puerta de entrada al gigante asiático con quien la Santa Sede no tiene relaciones diplomáticas aunque sí hubo gestos personales entre Xi Jinping y Francisco que evidencian un acercamiento entre ambas naciones; el último fue la histórica autorización a un Papa por primera vez para sobrevolar espacio aéreo chino (y que le fuera negado a Juan Pablo II en 1989).

Francisco sigue acercándose, aproximándose a esas realidades que hasta hace poco tiempo no tenían la visibilidad, dentro de la Iglesia, que ahora tienen. No sólo enfermos, desocupados, ancianos, niños, jóvenes y tantos otros "descartables" y "excluidos" a quienes encuentra y llega con su afecto y cercanía sino también a las "periferias" existenciales. Por su impronta jesuita, esta gira representa por un lado la "periferia" respecto a Roma y por el otro el cumplimiento de la deuda pendiente de Benedicto XVI de visitar Asia.

Para entender la importancia de la presencia de Francisco: ¿a que hay que prestarle atención? ¿Cuales son las claves? ¿Es un viaje exclusivamente pastoral o tendrá definiciones políticas? Fiel a su costumbre, desde el momento mismo en que el vuelo de Alitalia despegue hacia el aeropuerto de Seúl, su lenguaje de gestos, miradas y palabras cuidadosamente pensadas -aunque parezcan fortuitas o casuales- tendrán destinatarios puntuales. Y él lo sabe perfectamente. Sólo él. Porque como reza el dicho: "Ni Dios sabe lo que piensa un jesuita".

En un país en donde la la religión católica ha sido la de más rápido crecimiento desde finales de la década de 1980 aunque casi la mitad de sus 50 millones de habitantes no tienen preferencia religiosa y la otra mitad es mayormente cristiana o budista, sólo el 10% son católicos. El desafío no es sencillo.

Por eso hay que seguir atentamente tres situaciones puntuales: primero, los católicos coreanos, que sufren persecuciones y censuras, tendrán 124 nuevos mártires lo que produciría un resurgir de la fe especialmente en los jóvenes; segundo, la tensión entre Corea del Norte y Corea del Sur desvela al Papa: como apóstol de la paz, ha dispuesto la diplomacia vaticana para que en silencio absoluto acerque propuestas en pos de una solución pacífica al conflicto; y tercero, las señales -visibles o invisibles- que le permitan desembarcar en la tierra de los hasta ahora dos jesuitas y misioneros mas "famosos" allí como Francisco Javier y Mateo Ricci.

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