"Mi deseo sexual se desplomó", revela la madre de Maddie

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Kate McCann reconoció las dificultades para tener intimidad con su marido después de que alguien raptara a su hija.

A sus 43 años, Kate McCann podría ser una madre inglesa como cualquier otra, con dos hijos de corta edad y un marido que la acompaña, pero la mujer tiene un dolor imborrable: la desaparición de su hija mayor, Madeleine, quien fue secuestrada de una habitación de hotel cuando la familia estaba de vacaciones en Portugal, en 2007.


 


Tras la desaparición de Maddie, que por ese entonces tenía tres años, McCann y su marido, Gerry, iniciaron una larga investigación que involucró a la policía de Portugal, la de Inglaterra e Interpol. Pistas falsas, escrutinio público y la desesperación de no encontrar a su hija lograr enfriar la relación de los McCann, según contó la mujer en su nuevo libro: "Después de que se llevaron a Madeleine, mi deseo sexual se desplomó".


 


"Nuestra vida sexual no es un tema que normalmente me inclinaría a contar, pero es una parte tan importante para los matrimonios que no estaría bien no reconocerlo", expresó la mujer, según el sitio The Sun. "A aquellos afortunados que no conocen el enorme dolor, espero que les dé una idea de cuán profundas son las heridas", relató.


 


La madre de Maddie y su marido, de 42 años, llegaron a ser considerados sospechosos en el caso de su hija, y la mujer expresó que "su mayor temor" como padres era que la chica hubiera "sufrido el peor destino posible: caer en las manos de un pedófilo".


 


"No me podía concentrar en nada que no fuera Madeleine y creo que había dos motivos: uno fue mi incapacidad para permitirme sentir placer, ya fuera desde leer un libro hasta hacer el amor con mi marido, y y el otro fue el disgusto exacerbado por mi temor de que Maddie hubiera corrido la peor suerte posbible, la de caer en las manos de un pedófilo", relató la señora McCann.


 


Aunque su marido siempre tuvo "un fuerte brazo" para ella, McCan reconoció que a veces "tiene sus malos momentos", y remarcó que su enojo no  es hacia Dios sino hacia la presona que se llevó a su hija. "Lo único de lo que estoy seguro es que donde sea que esté Madeleine, Dios está con ella".

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