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Por "mala madre", indígena y pobre: Miryam Bogado está detenida acusada de matar a su hija de 4 meses

Por: Laura Guarinoni
13 de septiembre de 2019

Pese a que la Justicia no tiene indicios claros de la muerte de la nena, la adolescente mbya guaraní esta encerrada en una comisaría de Misiones desde febrero con prisión preventiva. ¿Qué pasa cuando a la carencia de perspectiva de género de los operadores judiciales se le suma el desconocimiento cultural?

Miryam Bogado pasó su cumpleaños número 19, el pasado abril, encerrada en el anexo de la comisaría 2da de Posadas, Misiones. Llevaba dos meses presa por ser la única acusada de matar a su hija E., de 4 meses.

Sin dar argumentos, el juez de instrucción Carlos Giménez dictó su prisión preventiva en febrero y aunque aún no se pudo determinar la causa de la muerte de la beba, la adolescente fue imputada por “homicidio calificado agravado por el vínculo”. Esta semana la defensa pidió por segunda vez su excarcelación.

Un muerte inevitable

Miryam es parte de una comunidad mbya guaraní. Habla poco. Le cuesta comunicarse fluidamente en español y por su bagaje cultural no comprende del todo el proceso que está viviendo. A sus escasos 19 años, ya atravesó tres partos. Tiene un nene de 4 años, cuyo padre está ausente y hoy cuida la abuela, y el segundo falleció al igual que E., hija de Cristian Martínez - también de 19 años-.

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E. nació de forma prematura y con problemas de salud a fines de 2018. El testimonio que dio a la justicia la Dra. Myriam Piriz, directora del hospital de San Ignacio, asegura que la recién nacida tuvo “un paro cardiorespiratorio” y en sala de partos fue reanimada “mediante el procedimiento cardiopulmonar manual, donde se le pasó oxígeno”.

Por las complicaciones se la derivó al Hospital Madariaga de Posadas. Allí estuvo 45 días en incubadora. Tendría secuelas neurológicas y problemas respiratorios. Pese a que la nena no tenía “reflejo de succión” y debía ser alimentada por una sonda, la dieron de alta.

Con todos esos cuidados especiales pasó a vivir en una vivienda precaria en la comunidad indígena “Pindoity” situada en el paraje “Teyú Cuaré” de la localidad de San Ignacio, a 50 kilómetros de Posadas. Un mes después, E. murió.

“Hubo una ausencia de seguimiento y control por parte de los efectores de salud local. La responsabilidad no puede ser adjudicada sólo a una pareja de padres extremadamente jóvenes y poco adiestrados para el tratamiento adecuado de una bebé en esas condiciones, y en una situación de vida pobre, sin recursos, ni agua potable y utensilios destinados a alimentar a la bebé”, aseguró a minutouno.com la antropóloga Ana María Gorosito Kramerl, referente académica en toda la región en cultura mbya guaraní y quien realizó una pericia para el caso.

La "mala madre"

Unos meses antes del nacimiento de E., Myriam y Cristian se había ido a vivir a la comunidad mbya guaraní “Pindoity” porque allí vivía el hermano de él, quien además estaba casado con la hija del Cacique - autoridad máxima-. Myriam tenía a su familia en otra comunidad aledaña llamada Kokuereí. Ambas forman parte de una extensa red de asentamientos guaraníes que se extiende por un territorio de Misiones.

A fines de enero, E. murió en los brazos de Myriam y ella actuó de acuerdo con las pautas culturales guaraníes: recurre a su cuñado, quien lleva el cuerpo al Cacique y le pide que que “hagan lo que saben”. Después se va a su comunidad de pertenencia, Kokuereí.

Según explicó, Gorosito Kramerl ese ritual se hace a como resguardo ante el “peligro mítico del mboguá o alma telúrica de la criatura”, es decir, la creencia de que el alma del muerto puede aferrarse a sus seres más cercanos si éstos están cera. Al día siguiente quemó la ropa de la niña, como parte de un ritual espiritual.

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Comunidad donde vive Miryam en Misiones
Comunidad donde vive Miryam en Misiones

Todos los testimonios coinciden en que el cuerpo estuvo más de 24 horas a la intemperie hasta que llegó la médica designada a la comunidad. Un médico policial determinó que tenía varias lesiones y todo terminó con la detención de Miryam, que ni siquiera estaba en el lugar. Nunca el juez sospechó, ni imputó, al Cacique, ni a su cuñado, ni al padre de la bebé, ni a quienes estuvieron allí horas después de la muerte.

Roxana Rivas, abogada de la adolescente, explicó a minutouno.com que los argumentos por los que Miryam fue arrestada se basan únicamente “en como se comportó después de la muerte de la beba en ese ritual mortuorio propio de sus creencias guaraníes”.

Gorosito Kramerl coincidió y advirtió que para juzgar sus actos no pueden ser “sacados del contexto guaraní de interpretación” y ser analizados dentro de “un marco de significados occidental, no indígena”.

Choque cultural

El juzgado rechazó un pedido de excarcelación sin dar cuenta de la legislación que protege los derechos de pueblos originarios, incorporados en la Constitución Nacional a través del articulo 75 inc 17, en el convenio 169 de la OIT.

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Reclamo de las comunidades guaranies por la absolución de Miryam
Reclamo de las comunidades guaranies por la absolución de Miryam

Según explicó Alicia, miembro de la CTA Misiones y quien acompaña a Miryam y a su familia durante este proceso, la joven “le cuesta comunicarse fluidamente en español y durante los primeros meses de la instrucción el juzgado no le garantizó el derecho a un intérprete intercultural bilingüe”.

La misma situación se repitió con algunos de los testigos que declararon en el expediente. La defensora aclaró que “las primeras testimoniales, que son las que sostienen la imputación se tomaron sin intérprete. Fueron traducidas por los policías al castellano, no tenemos constancia ni precisión de que lo que haya traducido sea textual”.

Por indigena, mujer y pobre

"Hay en este caso un cuestión racial, de género y clase. Nos preguntamos por qué la causa nunca tuvo la carátula ´averiguación de causas de muerte´ y desde un principio determinaron que fue homicidio calificado, aun hoy 7 meses después en que no saben cómo murió", destacó Rivas.

Para Alicia, la causa responde a “una política de criminalización y judicialización de mujeres en situación de extrema vulnerabilidad”. En Misiones hubo ya dos importantes precedentes: los procesos judiciales contra María Ovando o Victoria Aguirre. Ambas fueron juzgadas por “malas madres” y absueltas después de pasar varios años en la cárcel sin condena.

Y agrega: “En el caso de Miriam, que es muy parecido al de María Ovando, debemos agregar su realidad de adolescente mbya guaraní, la extrema pobreza, la violencia de las áreas del estado y además, insistir en que es una adolescente lidiando con situaciones traumáticas, moviéndose en el marco de instituciones, lenguaje, cultura que no le es propia. Miriam es la primera adolescente mbya prisionizada en Misiones”.

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