La justicia de ellos

El diputado nacional por el GEN cuestiona "el concpeto de democracia" del oficialismo y asegura que detrás del proyecto para democratizar la justicia, se esconde el intento de "domesticar al poder judicial".

Escribe Gerardo Milman (*)

La idea de democratizar instituciones suena muy bien pero para que el sonido no se transforme en el de una explosión republicana hay que atreverse a revisar cuál es el concepto de democracia que pretende imponer quien la impulsa. Para el kirchnerismo democratizar significa quitarle poder a determinado sujeto para ampliar los márgenes del propio. Ser democrático en clave "k" es, en definitiva, ser adicto o irrelevante. Sin grises ni matices.

¿Quién podría estar en contra de que sean públicas las declaraciones de ganancias de los jueces así como todas sus actuaciones judiciales? ¿A quién no le gustaría que cualquier ciudadano pudiera acceder, por ejemplo, a la causa que se sustancia en torno al Vicepresidente Amado Boudou? ¿Quién podría oponerse a la informatización integral de la Justicia? Es claro que si al gobierno realmente le interesase la democratización de la Justicia hace rato que tendría que haber permitido el acceso a la información sobre aquellas causas que lo involucran. Sin embargo, el oficialismo se niega sistemáticamente a brindar información sensible.

Para el kirchnerismo lo que brinda legitimidad democrática no es participar de la vida democrática del país sino ganar elecciones. Con el triunfo la razón de Estado y la democracia misma se vuelven oficialistas. Todo lo que lo contradiga no es democrático: debe ser cooptado o extirpado.

El proyecto de democratizar la justicia que para la venta al público suena de campanillas, es un peligro real para todos.

El gobierno pretende una justicia adicta o inerte. Sin medias tintas. Una justicia domesticada, sumada, no cuestionadora o inofensiva para el avance de su proyecto hegemónico de perpetuación. Y la perpetuación necesita burlar la ley, metérsela en el bolsillo y administrarla a voluntad. ¿Saben cómo se le dice a eso? Impunidad.

El gobierno quiere conjugar avance con impunidad y en el camino nada le importa la justicia en los viejos términos de darle a cada uno lo que corresponde. Es claro que aquí también van por todo.

Pero como no hay mal que dure cien años, es de esperar que en las próximas elecciones truene el escarmiento más allá de lo que el gobierno logre conseguir imponiendo su concepto de la democracia apropiativa en ambas Cámaras del Congreso.

Creo que de ser por ellos avanzarían hacia los juicios populares sin garantías elementales que evocan espantosos recuerdos. Creen que están haciendo la revolución; lo único que hacen es daño. Daño a las instituciones, daño a las posibilidades de desarrollo del país y daño a la mayoría de la gente que, de buena fe, los ha venido votando.

Es hora de desenmascarar a todos menos a la Justicia y de comprometernos públicamente a votar en contra de este nuevo atropello que se emprende en nombre de la democracia para desvirtuarla o, como está de moda, apropiársela.

El kirchnerismo no olvida que algún día terminará. Yo los invitaría a reflejarse en la penosa figura de su viejo padrino Carlos Menem. Nada es para siempre. Y de aprobarse este paquete de leyes el futuro gobierno de la democracia lo derogará.

(*) Gerardo Milman es diputado nacional por el GEN en el FAP

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