Los diez que vienen serán distintos

El diputado nacional por el GEN asegura que la movilización y participación en los festejos por "la década ganada" serán utilizados por el oficialismo como contracara de la protesta del 18-A.

Escribe Gerardo Milman (*)

El "gobierno nacional y popular" cumple 10 años y parece dispuesto a tirar la casa por la ventana. Se prevén festejos por todo lo alto, parecidos a los del bicentenario, con un mix compuesto por asistentes espontáneos a los que se sumarán centenares de micros pagos. La idea es hacer de los festejos una enorme demostración de fuerza política, marcando el inicio del calendario electoral y contagiando alegría. Temo que el jolgorio sirva más para cohesionar a los fanáticos del ya delirante relato oficial antes que para sumar apoyos nuevos. Imagino que el aparato de comunicación gubernamental intentará mostrar al evento como la contracara de las movilizaciones que vienen reflejando el malestar creciente de buena parte de la sociedad sin que nadie aún haya logrado capitalizarlo.

Es de prever que si se llegase a congregar un millón de personas, ése millón valdrá mucho más en la consideración oficial que el millón que ganó las calles el pasado 18 de abril.

Uno de los principales logros que nos deja la década que el kirchnerismo ya ha empezado a festejar es la revalorización cada vez más extendida de que no se puede gobernar para todos y todas desde la confrontación permanente.

Hay indicadores contundentes de que porciones cada vez más amplias de la sociedad rechazan el destrato, la prepotencia y a la mentira como forma sistemática de gobernar y escribir la historia.

Todas las encuestas vienen, desde hace 10 meses, registrando la abrupta caída de la popularidad y el apoyo hacia un gobierno que se va quedando solo presa de sus errores y limitaciones para comprender lo que en realidad está pasando.

Los kirchneristas festejan una década en la que han ganado; eso no significa que haya ganado el país. Podría enumerar aquí un listado interminable de desaciertos que así lo consignarían como también recordar hechos favorables de su etapa inicial. Pero lo cierto es que la gravedad de la situación actual hace que a la mayoría de los argentinos nos resulte un poco difícil festejar.

Estos 10 años de gobierno agotaron al kirchnerismo junto a buena parte de quienes los apoyaron desde el principio. Agotaron oportunidades de transformar estructuralmente a una Argentina cuya matriz productiva no cambió, cuya atención sanitaria no mejoró, cuyo nivel educativo ha descendido, cuya red caminera es deficitaria, cuyos trenes siembran luto y donde la inflación no permite ni ahorrar ni planificar el futuro.

El gobierno vive en una burbuja, en una suerte de presente continuo, autoinducido y maravilloso que, como tal, no ofrece futuro.

Nosotros, como la mayoría de los argentinos, estamos cansados de la confrontación porque además de resultar agraviante es inútil para construir. Queremos recuperar las riendas de nuestro destino y vamos a construir el futuro rescatando el valor de la convivencia.

Esta década que se fue tiene que servir para que la orientación y el estilo del gobierno que viene dejen definitivamente atrás las dicotomías que separan. Tiene que servir para el reencuentro de los argentinos. Me atrevo a más: el post-kirchnerismo es el espacio de construcción común de un país sin impunidad ni rencor.

(*) Gerardo Milman es diputado nacional por el GEN

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