Elecciones en la ciudad: ¿Es necesaria la segunda vuelta?

Política

Mauricio Macri 45,6%. Daniel Filmus 23,8. Casi 22 puntos separan a los dos contrincantes que irán al ballottage el próximo 24 de junio para dirimir quién será el próximo jefe de Gobierno. Si bien la Constitución de la ciudad de Buenos Aires establece que habrá una segunda vuelta cuando ninguno de los candidatos obtenga el 50% más un voto, la diferencia que arrojó el domingo es demasiado abultada y las estadísticas, los ejemplos cercanos y los analistas demuestran que será casi imposible remontar la situación. Entonces: ¿Qué sentido tiene la segunda vuelta?

“Si estuviéramos en ese lugar (el del candidato del oficialismo) probablemente nosotros no nos presentaríamos. Por los antecedentes que hay en la ciudad, sería imprudente no competir”, sugirió el domingo por la noche el legislador macrista Santiago De Estrada, una vez que se conocieron los resultados finales de la primera vuelta.

Sin embargo, lejos están de apichonarse en el Frente para la Victoria y prometieron que darán para batalla para derrotar a Macri: “Vamos a ganar”, expresó un eufórico Filmus cuando se oficializó que su fórmula obtuvo el segundo puesto.

El analista Martinez Pandiani, expresó –previo a la elección del domingo pasado- que si Macri ganaba en primera vuelta por un 10% de diferencia con respecto al segundo, esa ventaja sería indescontable de cara al  ballotage. “Si esto sucede así, Macri está prácticamente como ganador”, pronosticó el consultor.

La primera vez que se llegó a una segunda vuelta electoral por una elección a jefe de Gobierno fue en el año 2000, cuando la fórmula Aníbal Ibarra- Cecilia Felgueras había conseguido el 49,31% del padrón electoral, frente a la de la Alianza Encuentro por la Ciudad, que integraban Domingo Cavallo y Gustavo Beliz, que logró el 33,20%. En ese momento la diferencia fue de 16 puntoscinco menos que ahora- y el ex ministro de Economía, pese a que nunca reconoció públicamente que la distancia era indescontable,  renunció a participar en la segunda vuelta.

La situación que se planteó el domingo pasado es diferente a lo ocurrido casi cuatro años atrás cuando Macri e Ibarra debieron dirimir el resultado de la elección en una segunda vuelta. En aquella ocasión el líder de Pro obtuvo el 36,44% de los votos, seguido muy de cerca por Ibarra con el 32,5%, que lo superó claramente en el ballottage. En esa oportunidad el actual legislador electo remontó una desventaja de sólo cuatro puntos.

Además los números lo demuestran por si solos: Macri obtuvo en la primera vuelta del domingo casi 10 puntos más que en 2003 ( 45,6% contra 36,44%) y está a menos de 5 puntos de imponerse en el ballottage por lo que necesitará de apenas 90.000 votos –sólo una de cada cuatro sufragios que obtuvo Jorge Telerman- para ser elegido como nuevo jefe de Gobierno.

Ejemplos cercanos

En los últimos años, Brasil y Chile tuvieron que definir su futuro presidente recurriendo a la segunda instancia ya que ninguno obtuvo los votos necesarios para imponerse en primera instancia. Y en todos los casos, quien se impuso en la primera jornada electoral ratificó su predominio en las urnas en el ballottage. Pero en ninguno de esos ejemplos limítrofes la diferencia en primera vuelta entre ambos contrincantes fue tal elevada como aconteció el domingo 3. Veamos alguno de estos casos testigos.

Lula da Silva, el actual presidente de Brasil, tuvo que ganar sus dos elecciones recurriendo al ballottage. En el 2002, venció en la primera vuelta a José Serra por 46,5% a 23,2% , es decir, por 23 puntos de diferencia y se impuso claramente en la segunda vuelta.

Cuatro años después también fue a segunda vuelta y en esa oportunidad enfrentó a Geraldo Alckmin a quien derrotó en primera vuelta (48,8% contra 41,4%) y  finalmente lo aplastó en segunda instancia con más del 60% de los sufragios.

Algo similar ocurrió en Chile en la última elección presidencial de 2006. La oficialista Michelle Bachelet superó por 20 puntos al derechista Sebastián Piñera (45,7% contra 25,6%) y si bien su oponente descontó la ventaja en la segunda vuelta (53,5% contra un 46,4%) no le alcanzó para romper con la hegemonía de la Concertación del país trasandino.

Estos ejemplos demuestran claramente que salvo un milagro, Mauricio Macri cumplirá con su sueño de gobernar la ciudad de Buenos Aires. Y quizás sirva para repensar una posible flexibilización del ballottage en esta ciudad para que si un candidato no alcanza el número de votos establecidos en la norma pueda ganar la elección cuando la diferencia sobre el segundo sea de 10 puntos como lo establece la  Constitución Naciónal.

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