Alcohol, fiestas y desafíos: el modus operandi de Marcelo Porcel
Según los testimonios, el empresario construyó un "patrón delictivo sistemático". Qué pasará ahora que ya se cerró la última ronda de pericias psicológicas a los jóvenes denunciantes.
Marcelo Porcel
La causa que investiga al empresario Marcelo Porcel por presunto abuso sexual de menores sumó elementos claves que podría agravar su situación judicial. Según la investigación, el modus operandi del empresario se basaba en un "patrón delictivo sistemático diseñado para captar la voluntad de los menores" y "anular sus defensas" mediante el uso de recursos económicos y "manipulación psicológica".
La investigación se centra en hechos ocurridos entre 2022 y 2024, comprende un total de diez víctimas del colegio Palermo Chico –aunque son nueve las familias querellantes, ya que dos de los chicos son hermanos– y puede extenderse hacia atrás en el tiempo, abarcando otras víctimas y otros hechos.
Porcel es investigado por utilizar el entorno del Colegio Palermo Chico como una "carnada" para atraer a los compañeros de sus hijos. Según contaron las víctimas ante la justicia, cimentaba un vínculo "casi de pares" con los jóvenes, mimetizando sus conductas para ser visto como un igual, a pesar de ser el adulto responsable que ejercía la guarda fáctica durante los encuentros.
El mecanismo principal para bajar los "frenos inhibitorios" de las víctimas, tal como se indica en la causa, era la inducción al consumo de alcohol y la entrega de dinero para realizar apuestas online ilegales.
"Una vez que los jóvenes estaban vulnerables, procedía a realizarles masajes", en ocasiones utilizando "cremas mentoladas" que la querella sospecha podrían haber contenido sustancias sedantes. "Las víctimas manifiestan que ese olor estaba presente permanentemente, incluido en el vestuario", explican.
Qué concluyeron los peritos que evaluaron a los primeros chicos que denunciaron a Marcelo Porcel
Las pericias psicológicas fueron a cuatro de los primeros siete chicos que denunciaron en la causa, hechas por profesionales del Cuerpo Médico Forense de la Justicia Nacional y que figuran en el pedido de indagatoria del fiscal Turano.
“No surgían indicadores de cuadro psicopatológico de base, ni productividad de tipo psicótica... No surge sintomatología, conductas desajustadas, ni indicadores (en su discurso ni en sus producciones proyectivas) de compromiso psicoemocional-traumático asociados a victimización sexual”, expusieron los profesionales.
Según Infobae, en uno de los casos se destacó que el menor entrevistado “se encuentra orientado en tiempo y espacio, con conciencia situacional; su estructura de lenguaje y contenido del discurso resultan coherentes; posee un adecuado nivel de comprensión y sus facultades mentales no revisten alteraciones, ajustándose a los parámetros esperables para la etapa evolutiva por la que atraviesa”. Y siguió: “El joven no presenta producción imaginativa de índole patológica (fabulación), contando con recursos internos que le posibilitan discriminar entre contenidos de la realidad y contenidos de la fantasía...”.
Sobre otro de los chicos, agregaron: “Se expresó mediante palabra clara y bien articulada... Despliega un discurso cuyo contenido resulta coherente... Cuenta con un capital simbólico que le posibilita comprender, asimilar y aprehender la realidad de manera ajustada. Sus facultades mentales no presentan desajustes ni desvío alguno”.
Un tercer informe reveló: “A la exploración de la memoria, la misma no presenta fallas significativas evidentes”. Y continuó: “Reconoce que en la facilitación al acceso de bebidas alcohólicas subyacía cierta transgresión de su parte a las recomendaciones de su entorno familiar... Por otro lado, comenta que, en el marco de esas reuniones, el padre de su amigo ofrecía grandes sumas de dinero como recompensa a distintos desafíos que el hombre proponía. Estas situaciones, en particular, le generaron bastante incomodidad y le parecieron desajustadas por parte del adulto“.
Luego se informó que el criterio de realidad y la capacidad judicativa del chico “se encuentran acordes a los parámetros esperables para la etapa evolutiva que transita” y que “despliega un discurso de manera fluida y espontánea, cuyo contenido resulta inherente al capital simbólico con el que impresiona contar, sin que se advierta influencia directa de terceras personas en su decir”.
Y finaliza: “No se objetivan indicadores que orienten a la minimización o naturalización de la violencia por parte del joven; quien impresiona contar con recursos defensivos operativos”.
El último de los peritajes concluyó que en ese menor "llegó a sentirse presionado por parte del adulto a cargo, quien lo incitaba y desafiaba a seguridad”, en relación a Porcel.






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