Del ring a las cárceles: Alejandra Romero, la boxeadora que pelea por cambiar la vida de los presos

Sociedad

La iniciativa comenzó hace un año y brinda apoyo y contención a las personas privadas de su libertad, para lograr la reinserción social una vez cumplidas las condenas.

María Alejandra Romero ha tenido que luchar durante toda su vida dentro y fuera del ring- aunque ganó y perdió algunas batallas, nunca se rinde. Hace un año decidió comenzar la conquista un nuevo espacio que antes era impensado para las mujeres: el boxeo reconstructivo en las cárceles.

“Siempre me gustó ayudar a la gente, cuando me presentaron este proyecto lo acepté de inmediato porque me gustan los desafíos y como mujer creo que es hermoso dar este deporte en las cárceles, porque rompe el paradigma”, contó Romero a minutouno.com.

Alejandra Romero

Romero tiene 43 años y es una de las primeras mujeres en haber participado en una pelea amateur de boxeo y una de las primeras en convertirse en DT. Sigue rompiendo esquemas al ser pionera en enseñarle este deporte a los que están privados de su libertad.

Cuando fui a dar mi primera clase en la cárcel 23 y la 31 de máxima seguridad, primero la cara de los hombres fue de asombro, pero después fue una aceptación y muchos de ellos agradecen que brinde mi tiempo para enseñarles ”, aseguró.

Esta iniciativa, que es impulsada por la Federación Argentina de Box, comenzó el año pasado y brinda apoyo y contención en el ámbito deportivo a las personas privadas de su libertad, para lograr la reinserción social una vez cumplidas las condenas.

“El deporte en general y el boxeo en particular representan espacios de contención y reinserción social que han demostrado resultados positivos en el tratamiento de diferentes problemáticas, como las adicciones, la delincuencia o la marginación del sistema económico y del mercado laboral. En el año de su centenario, la Federación Argentina de Box busca profundizar lo que viene haciendo desde hace un siglo: devolver personas de bien a una sociedad que margina”, explicaron desde la asociación.

Formar parte de este proyecto, la empodera y la hace sentir orgullosa. “Hoy en día como mujer hemos logrado entrar a las cárceles. Abrir esa frontera. Con este programa se rompe un paradigma porque antes siempre se pensaba que la mujer enseña a la mujer y el hombre enseña al varón, pero no es así, yo nosotras también podemos y fui bien aceptada. Los presos me respetan”, manifestó.

Aunque todavía su labor no es remunerada “A nivel pago, no se está dando lo que corresponde, pero es una lucha. Estoy luchando por una obra social y un sueldo digno. Tengo 8 hermanos, mi padre era alcohólico y tuve una infancia muy difícil. Así que sé lo que es luchar y sobrevivir en medio de las adversidades y lo seguiré haciendo”, aseguró Romero.

Alejandra Romero

“Estoy contenta porque muchas mujeres y hombres pueden cambiar con el boxeo reconstructivo y tener otra vida. Pero falta que se nos reconozca más a las mujeres en este deporte y que recibamos un pago justo”, pidió.

Sus inicios en el deporte de los guantes

“A mí siempre me gustó hacer ejercicio desde chica, pero en el boxeo descubrí que era un deporte completo. Cuando empecé mi familia no estaba de acuerdo, pero seguí igual y después me apoyaron”, contó.

Su primera pelea fue contra Yésica Bopp, campeona mundial en la categoría minimosca de la Asociación Mundial de Boxeo y de la Organización Mundial de Boxeo.

“Ese día estaba sola sin familiares, con miedo y ansiedad, pero alegría. Todo junto, fue mucha adrenalina”, recordó Romero.

Tiempo después, la pérdida de un familiar la llevó a alejarse del deporte. “Se murió un primo que estuvo preso en Olmos, yo siempre lo quise ayudar y no tuve cómo, entonces cambié mi camino y me hice testigo de Jehová”, contó Romero.

“Sin embargo, cuando encontré la respuesta sobre la muerte regresé y empecé de nuevo en un gimnasio con Yésica Bopp, trabajé dos años con ella. Empecé a hacer el curso de directora técnica en la federación, soy una de las primeras mujeres en recibirme de directora técnica de boxeo”, aseguró.

A parte de dar las clases en las cárceles, Romero se gana la vida dando clases de boxeo en las plazas. “Lo hago para poder pagarme una obra social, pero quiero tener un sueldo digno para poder pagarme las cosas básicas que las mujeres necesitamos”, señaló.

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