Cómo trabajar en un metro cuadrado y no volverse loco
*Trabajar en espacios reducidos puede traer estrés psicológico y dolores musculares.
*minutouno.com habló con los protagonistas y con especialistas que opinaron sobre el tema.
Medio metro de ancho y uno de largo y ya está. Muchos trabajos implican estar largas horas en espacios reducidos en donde la movilidad del cuerpo se limita a levantar un brazo para alcanzar algún producto en alguna postura extraña o forzada, agacharse con esfuerzo chocándose con todo alrededor y, con suerte, sentarse. Y a todo eso se le suma el poco aire y la gente.
Medio centímetro
“Muy cómodo no es pero uno se acostumbra. La verdad es que al final del día el cansancio se siente en las piernas porque generalmente estas parada. Aunque si no hay gente me siento porque los dueños son un amor. También me duele la cintura de agacharme”, contó Susana Saleih entre suspiros de cansancio en medio de su jornada laboral en un stand de los que se ubican en el medio de los pasillos de un importante shopping de la Capital. Mismo negocio en el que para las fiestas -en ese espacio en el que apenas cabe ella- entraron 4 personas más.
Para Roxana Magnelli (29) que trabaja en un local, que vende relojes también dentro de un shopping, estar parada tanto tiempo hace que uno se acostumbre: “Llego a mi casa y como parada, me acostumbré. Al principio lo padecía y puteaba mucho pero ahora ya lo tengo incorporado”.
No es le caso de su compañera Mariel Nogues (19), que entre tanto y tanto larga un suspiro de lamento sumado a la expresión de cansancio de su cara y un “yo me muero por sentarme”.
Sin embargo, ellas pueden sentirse privilegiadas porque pese a todo, dentro de ese habitáculo reducido cuentan con una banqueta que de tanto en tanto utilizan. En cambio, Silvina (24) tiene prohibido sentarse “porque queda mal al público”, por lo que tiene que estar las 6 horas parada y sola, lo que hace que hasta ir al baño se le complique. “Me duele todo. Llego a mi casa, me ducho, me acuesto y me estiro toda lo más que pueda dentro de la cama”, contó la vendedora de la confitería.
El traumatólogo Gustavo Ramírez coincidió con su colega y agregó más consecuencias que puede tener este tipo de actividad para el cuerpo: “Contracturas crónicas, cefaleas, trastornos visuales (en el caso de tener una computadora), síndrome vertiginoso (mareos provenientes de la contractura de espalda y cuello) y varices sobre todo si la persona tiene antecedentes familiares”.
“Desde que trabajo acá no uso polleras. Y si las uso tiene que ser por debajo de la rodilla para que no se vean los deterioros físicos del estar parada”, confesó Roxana Magnelli en dialogo con minutouno.com.
Cabeza quemada
No poder comer a la vista, no poder sentarse, no poder recibir visitas ni a la gente que da folletos, más el bullicio y no poder moverse cómodamente son los factores que hacen al estrés psicológico.
Porque claro, los efectos físicos no son los únicos. Los dolores de cabeza son una consecuencia directa de los trabajos que implican atender al público y todos sus cuestionamientos que muchas veces no corresponden con el rubro de venta en el cual preguntan. Y todo se resume al unánime: “Somos como la mesa de informes”.
“Estás todo el día hablando con la gente que te usa como mesa de informes y da dolor de cabeza. Encima uno le pone onda y te ponen cara de enojo cuando uno no sabe responder en dónde pueden conseguir una hebilla para el pelo”, contó quejosamente Florencia Díaz (19) que trabaja en un puestito de telefonía celular.
El psiquiatra Pablo Wizerberg explicó que la sensación de hacinamiento genera ansiedades y si a eso de le suma la gente lo más probable es que se genere una reacción de rechazo al prójimo porque se entra en irritabilidad con quien se tiene al lado.
Pero el asunto no termina ahí. Para el especialista hay otras condiciones que influyen en el mal humor tales como “los bajos sueldos, el maltrato y las reglas estrictas que tienen que cumplir que van potenciando el descontento y la cara”.
El resultado, informó el psiquiatra, es un final de jornada con malestares, cefaleas, contracturas y dolores de estomago entre otros.
Consejos
“Los días que trabajo 12 horas tengo un descanso de una hora. Eso suele ser una vez por semana. Los demás días trabajo 7 horas y el descanso es de media hora. Yo aprovecho y me voy a caminar, a comer o a fumar afuera así me despejo”, contó Rosana Magnelli.
Ambos traumatólogos recomendaron hacer ejercicios de elongación en los horarios de descanso y proveerse, o exigir, una silla giratoria que tenga apoyo cervical y para brazos en el caso de tener que estar sentado. Pero lo importante es no mantenerse en forma estática. Si la mayor parte del tiempo se debe estar parado lo ideal es sentarse cada tanto y elevar los pies. Y si por el contrario lo más común es estar sentado, pararse y caminar un poco es lo mejor.
En cuanto al estrés psicológico Wizerberg aconseja bajar el nivel de ansiedad, hacer mucha gimnasia y sobre todo trabajar con la respiración y con el humor en pos de despejar la mente.
Esa es la estrategia de Marta (55) que a la vez que dice que “no es fácil trabajar en un shopping 12 horas”. No para de hacer cosas y hablar de buen grado con todas sus clientas de cuanto pueda mientras que recomienda productos y hace paquetes en los que envuelve “cosas para el alma -sahumerios, velas y otros-” de su diminuto local.
También es el caso de Adrián Eduardo Ortiz (23) que atiende un kiosco en el que no cabe una golosina más: “Si bien estoy parado 10 horas, lo que más me duele es la cabeza porque la gente es re cargosa y mal educada. Pero trato de dormir bien para relajar el cuerpo y la mente. Pese a todo a mi me gusta trabajar acá, me divierto y me tomo las cosas light”.
Para el caso en que no hay mucho por hacer y los clientes no llegan, lo ideal es buscar algún tipo de entretenimiento (alguna lectura o una charla con el vendedor de al lado son algunas opciones) que mantenga la mente ocupada para evitar el estrés y caer en el peor de los casos en una depresión. .
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