Crece fuerte el consumo de paco en el país
*Desde la Federación de ONGs destinadas a la prevención y tratamiento del abuso de drogas (FONGA) dicen que el 80% de los que buscan tratarse por adicciones tuvieron contacto con el residuo de la pasta base de cocaína.
* Aseguran que en los últimos tiempos comenzaron a atender casos de chicos de 10 años.
Fuertemente adictivo. Altamente tóxico. Y entre diez y veinte veces más devastador que la cocaína. Así es el paco, la droga cuyo consumo crece a pasos agigantados en la Argentina y que se empieza a utilizar a edades cada vez más tempranas, según datos manejados por la Federación de ONGs para la Prevención y el Tratamiento de Abuso de Drogas (FONGA), que reúne a 47 entidades dedicadas al tratamiento de las adicciones.
"El poder destructivo del paco es tal, que cuando buscan ayuda los adictos suelen presentar un fuerte deterioro físico y hasta daños neurológicos", según explica Fabián Chiozzo, desde Fonga.
“Los chicos llegan a la consulta asustados, demacrados, porque el efecto de la adicción a esta droga se nota a simple vista”, confesaba por su parte la encargada de un centro de atención de Berazategui, mientras todo un argot asociado al consumo de la droga, que señala a los consumidores como “esqueletos gordos” o “muertos vivos”, ilustra el fuerte impacto que produce su consumo. Aunque, según los especialistas y a pesar de su poder adictivo, todo adicto al paco se puede recuperar.
La sustancia conocida popularmente como paco representa una instancia intermedia en el proceso que lleva de la pasta básica al clorhidrato de cocaína. Este residuo contiene un porcentaje ínfimo de cocaína y se completa con otras sustancias altamente tóxicas como kerosene y sulfuros. Fumado en pipas caseras hechas con biromes, antenas de tv o caños de cortina, genera en el adicto un efecto similar al de la cocaína endovenosa. Un rápido flash que se caracteriza por su corta duración –no más de siete minutos- tras lo cual el adicto sufre una caída en un estado de depresión y angustia. Para evitarla, recurre a una nueva dosis. De ahí que los especialistas nieguen enfáticamente que se trate de una droga barata: si bien cada dosis vale entre 0,50 centavos y 1 peso, la reiteración de las dosis lleva a los adictos a consumir hasta 100 pesos por día. Y en los casos extremos a "internarse" en precarios fumaderos.
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