Duda: ¿es verdad que casarse engorda y separarse adelgaza?

Sociedad

*La ansiedad previa al casamiento puede hacer que se coma de más.
*La angustia después del divorcio puede provocar pérdida del apetito.

El saber popular dice que casarse engorda y separarse adelgaza. ¿Es un mito que comer bien y “sentar cabeza” puede traer consigo unos kilos de más? ¿Es cierto que después del divorcio las mujeres hacen dieta y se producen más?

La psicoanalista Andrea González, Coordinadora Institucional de Pareja y Familia del Centro Dos, en diálogo con minutouno.com, aclara que no se puede generalizar, pero afirma que sí pueden pensarse algunos factores por los cuales engordar o adelgazar pueda relacionarse con el casamiento y el divorcio, respectivamente.

Adelgazar después del divorcio:

“En los casos de divorcio muy controvertido o cuando la separación de la pareja se da de repente y por decisión de uno solo de sus miembros, la otra persona puede caer en una depresión o puede sufrir una gran crisis de angustia”, dice la psicoanalista y explica que estas crisis pueden producir una falta de interés en todos los objetos del mundo, entre ellos, la comida.


Adelgazar después del divorcio puede deberse a la depresión, la angustia o el deseo de entrar en plan de conquista.    

“También puede darse que, pasado un tiempo del divorcio y una vez que se hace cierto duelo, la persona divorciada vuelva a conectarse con el resto de las cosas de la vida y entre como en un plan de conquista”, plantea González. “Eso puede llevar tanto al hombre como a la mujer a querer mejorar su imagen, a querer atraer al sexo opuesto”.
La especialista comenta que tomar sol, hacer dieta, ir al gimnasio y renovar el guardarropa son algunos de los cuidados que se prodigan las mujeres y los hombres cuando vuelven a tener proyectos y vuelven a pensar en una pareja.

Otra faceta del adelgazamiento después del divorcio recuerda una publicidad que puede verse actualmente en la televisión, en la cual una pareja separada se encuentra en el supermercado y el hombre, viendo tan linda a la mujer, lamenta haberla dejado e intenta seducirla nuevamente, pero es rechazado.
“La actitud de tomarse revancha puede ser un motivo para bajar de peso después de separarse, pero no es, de ninguna manera, una actitud constructiva –dice González-, porque se trata de mejorar la imagen pensando en otro y no en uno mismo”.

Casarse y engordar

La tradición decía que el hombre se casaba, dejaba la vida licenciosa, sentaba cabeza, empezaba a comer regularente la comida casera que le preparaba su esposa y... engordaba.


La versión femenina de ese estereotipo decía que la mujer se casaba, se dedicaba a la casa y a los chicos y se ponía las chancletas, los ruleros y... varios kilos de más.


"Hoy en día esto ya no es tan común, -dice la psicoanalista-. Actualmente la mujer se sigue cuidando aunque se case".


La ansiedad por los preparativos del casamiento pueden traer consigo varios kilos de más.    

La especialista explica que la vinculación social de la mujer ha cambiado mucho: "Las mujeres tienen actividades sociales y laborales que las sacan de la casa y las hace querer seguir estando bien más allá de haberse casado e, incluso, de haber sido madre", dice.


Además, el rol de la mujer no siempre incluye, hoy en día, la presentación de manjares a la hora de la comida.


"Lo que sí puede llevar a hombres y mujeres a engordar son los preparativos del casamiento, cuando crean mucha ansiedad. La gente que tiende a comer por ansiedad, puede engordar", señala González.


 


Si bien el mito dice que es la mujer la que adelgaza y se pone linda después del divorcio, y que es el hombre el que engorda cuando se casa, González aclara que esto tiene que ver con la mirada social y que las situaciones planteadas son unisex.

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