El debate del sopapo: ¡Quiero retruco!

Sociedad

Creo que los comentarios de los lectores sobre la columna merecen una contestación detallada:

- Por un lado, quiero aclarar que en ningún momento dije que pegarle un chirlo a un hijo fuera a traumarlo o que no podemos amar a los padres que nos pegaron cuando éramos chicos. Simplemente estoy planteando un tema para reflexionar que, por otro lado, no aprendí en la Facultad: surgió después del tercer o cuarto chirlo que le di a mi hija, cuando me di cuenta solita de que el chirlo y el brazo quebrado se distinguían por la fuerza que se aplicaba, pero que conceptualmente eran la misma acción violenta sobre el cuerpo de un niño.

- En relación a la analogía con disfrutar de la bebida y ser un borracho que hace uno de los lectores, me gustaría preguntarle si disfruta golpeando a su hijo, porque si es así, debo decirle que está enfermo. Una comparación de este tipo podría ser adecuada, por ejemplo, con respecto al hecho de que un chiquito comparta un rato la cama de sus padres y otra cosa es que duerma con ellos todas las noches.

- El que dice que “descarga tensiones” pegándole chirlos a sus hijos, debería probar jugando con él o leyéndole un cuento: va a descargar tensiones, se va a olvidar de sus problemas y, además, lo van a pasar muy bien los dos.

- Por otra parte, el amor y la preocupación por los hijos se demuestra educándolos y cuidándolos y no creo que el golpe sea una buena manera de hacerlo. ¿O es que los padres que no les pegan a sus hijos no los aman ni se preocupan por ellos?

- El comentario que sugiere “hacer patria” y erradicar a un “Psi” lo tomo como un chiste. Hay “Psi” buenos y malos, como en todas las profesiones, y uno puede estar de acuerdo o no con sus planteos. Ahora, no puedo dejar de recordar una época oscura cuando escucho que “hacer patria” es “erradicar” a aquellos con los que no acordamos o cuyas opiniones nos molestan.

- Con respecto a los que hablan de límites, aclaro que no cuestiono para nada la importancia de los mismos. Si no pregúntenle a mis hijas qué opinan de tener una hora y media al día para repartir entre la tele y la computadora y de tener que comer lo que se sirve en la mesa, sin demasiadas vueltas ni menúes especiales. Me opongo a ser “padres esclavos” de los hijos, pero sugiero revisar  la forma en que les ponemos límites.


 


Gabriela Lima, Periodista y Licenciada en Psicopedagogía

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